Alfonso Sánchez García presumió un evento de pipa y guante, donde todos tenían que pasar a besar la mano y en el que lo más destacado fue la ausencia del patriarca de la familia, el ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya, el mero mero líder de quien heredó el apellido, pero no el talento ni el carisma.
Quizá por eso es que el informe también sirvió para enviar mensajes, uno de ellos y quizá el más fuerte. Es tiempo de mujeres y eso aplica -en su caso- para dos niveles de gobierno y sobre todo para el hogar y la dirigencia local.
Sin embargo el acto celebrado en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) no es solo para el análisis del momento, también podría internarse un poco de prospección. ¿Por qué se habla de un futuro verde, un aliado verde y un niño verde en un acto que debiera ser guinda?, las voces que siembran esta idea no son ajenas al círculo cercano del arquitecto.
Por eso vale la pena analizar el color y las siglas del Verde ecologista. En sus 29 años de existencia, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), fundado por Jorge González Torres, ha priorizado las alianzas estratégicas con partidos mayoritarios sobre la promoción de propuestas ambientales.
Su historia refleja un patrón: acercarse a fuerzas políticas dominantes para ganar relevancia nacional. Primero se alió con el PAN, luego fue un fiel aliado del PRI y, desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, acompaña a Morena.
Sin embargo, surge la pregunta: ¿realmente beneficia al movimiento de la Cuarta Transformación (4T)? ¿Aporta algo significativo el PVEM, o en estados como Tlaxcala oculta intenciones de oportunistas que buscan posicionarse para 2027 bajo sus siglas?
Históricamente, el PVEM ha actuado como un partido satélite, aprovechándose de los recursos y el poder de sus aliados. Sin embargo, gracias a su alianza con Morena, ha pasado de ser una fuerza marginal a convertirse en la tercera fuerza electoral del país. Desplazó a su hermano mayor el PRI, no dejemos eso de lado.
Este ascenso plantea una paradoja: Morena, al fortalecer al PVEM, ha empoderado a un aliado poco confiable, conocido por traicionar a sus socios una vez que obtiene beneficios, como lo demostró con el tricolor durante el Pacto por México.
Incluso ha servido como instrumento de intereses externos, como los de Ricardo Salinas Pliego y las televisoras, para influir en el Congreso. Ahí están los Twits donde figuras de la farándula violaban la ley electoral.
En Tlaxcala, el PVEM ha sido un vehículo para personajes como Sergio González Hernández o el propio Homero Meneses Hernández, quienes han utilizado su estructura para ambiciones personales, pero con dinero público -como han denunciado sus propios cercanos y enemigos en redes sociales-.
A nivel nacional, su reciente actitud desafiante, expresada por figuras como el senador chiapaneco Luis Armando Melgar, sugiere una posible ruptura con Morena.
En un mensaje en redes sociales, Melgar criticó a figuras morenistas como Rutilio Escandón y José Cruz, acusándolos de corrupción y desvíos, y afirmó que “el camino es verde”.
Estas declaraciones abren la puerta a especulaciones sobre el futuro de la alianza Morena-PVEM-PT, que ha sido clave para aprobar reformas como la del Poder Judicial. Si bien estas alianzas han permitido a Morena lograr avances legislativos, la 4T enfrenta un momento crítico.
Para evitar el desencanto popular, debe mantenerse fiel a sus principios y romper con aliados que no los representan, incluido el PVEM, cuya trayectoria está marcada por la incongruencia y el oportunismo.
A pesar de llevar “ecologista” en su nombre, el Verde carece de un compromiso genuino con el medio ambiente y ha priorizado el beneficio político sobre los ideales. Dígame usted si Jaime Piñón Valdivia o Alma Lucia Arzaluz Alonso representan al ecologista de Tlaxcala, o si al menos son oriundos de esta tierra.
Morena debe reflexionar sobre el costo de mantener al PVEM como aliado. Su fortalecimiento, impulsado por la 4T, le ha otorgado un poder desproporcionado que ahora utiliza para desafiar a sus socios. Rumbo al 2027 es clara la jugada.
La presencia de figuras cuestionables, como Adrián Ruvalcaba o Eruviel Ávila, en el movimiento refuerza las dudas sobre la congruencia de estas alianzas. Si Morena no actúa con decisión, cortando lazos con un partido que simboliza lo que la 4T busca erradicar, corre el riesgo de caer en la decadencia que pretende combatir.
El Verde, lejos de ser un aliado confiable, representa un obstáculo para la transformación que México necesita y sin embargo los políticos locales ven en ese color una fisura para perpetuarse en el poder y ya con la negativa de proponer familias o compadrazgos en la próxima elección, el PVEM es una ruta segura para contender por un cargo que les ofrezca vigencia, estatus, dinero y sobre todo un pasaporte de impunidad ante el cochinero que convirtieron la administración pública. Al tiempo.



