Torrejón: cambió de colores, pero no de métodos

MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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Diana Torrejón Rodríguez llegó a la presidencia municipal de Tlaxco envuelta en el discurso de la “transformación”.

Dejó el PRI, el partido que la hizo regidora y diputada local, para treparse a Morena cuando le cerraron las puertas tricolores y vio la oportunidad de conservar el poder.

Los propios morenistas de Tlaxco la rechazaron en su momento: la llamaron ambiciosa, arribista, antítesis de los principios que decía defender.

Pero el cálculo político prevaleció. Hoy gobierna con la camiseta guinda, aunque las prácticas que exhibe siguen oliendo a viejo régimen.

El más reciente episodio lo confirma. Julio César Ortega Reyes, representante de Reiki Promotores Inmobiliarios, denuncia que la alcaldesa evadió el pago de alrededor de medio millón de pesos por la instalación de una villa navideña y un árbol de Navidad en la plaza principal en diciembre de 2024.

No hubo contrato formal —porque “cerraba el año fiscal”—, pero sí un acuerdo verbal, modificaciones pedidas por ella misma, pagos parciales, promesas de abonos mensuales y hasta una comida de agradecimiento y un regalo de la propia presidenta.

Cuando llegó el momento de liquidar, Torrejón cambió de tono: “Ya no te debo. Lo que te pagué es suficiente”. Y, según el prestador, las amenazas no se hicieron esperar: “Te recomiendo no hacer nada, porque veremos quién sale ganando”.

La empresa, que generó empleo local y dice no haber enfrentado problemas similares en contratos de cientos de millones, presentó denuncia ante el Órgano de Fiscalización Superior (OFS) y prepara demanda judicial. No busca intereses, solo recuperar lo adeudado.

Todo el mundo en Tlaxco vio la instalación, no apareció de la noche a la mañana. Pero cuando se trata de pagar, la autoridad municipal se esconde detrás de la informalidad que ella misma aceptó.

Este no es un caso aislado de descuido administrativo. Es el reflejo de una forma de gobernar: acuerdos de palabra, distancia cuando conviene y el peso del cargo usado como escudo.

La misma funcionaria que presume “transformación real” y “trabajo de la mano con el Estado” deja a prestadores de servicios con el miedo de reclamar lo que les corresponde.

Pero el problema de fondo es más grave. Bajo su administración, Tlaxco se ha convertido en un territorio donde el Estado parece perder terreno.

En enero y febrero de 2025 las autoridades federales desmantelaron al menos dos grandes narcolaboratorios en la zona de Atotonilco y Las Vigas.

En uno de ellos se aseguraron más de 20 mil kilogramos de sustancias químicas, miles de litros de precursores, reactores, condensadores y un arma larga.

Fuentes oficiales hablaron de una capacidad de producción de hasta 400 kilos de cristal a la semana, atribuida a células del Cártel de Sinaloa.

Torrejón minimizó: “No hay operación del crimen organizado en Tlaxco”, dijo. Solo “robo de vehículos” y “paso” hacia Hidalgo y Puebla. Los hechos desmienten el discurso.

Peor aún: es la presidenta municipal que acumula más policías muertos en el cumplimiento del deber en tan corto tiempo. En marzo de 2025 cayó el oficial Aristeo N. durante una persecución en la carretera Tlaxco-Chignahuapan; iba sin el equipo mínimo, sin chaleco antibalas adecuado, según denuncias locales.

En marzo de 2026, Mario Hernández, de 51 años, murió de un disparo en el tórax en La Herradura, carretera Tlaxco-Apan, tras un enfrentamiento con presuntos delincuentes. Es el segundo en un año.

El pueblo despidió a su comandante entre sirenas, campanas y lágrimas. La corporación municipal, con apenas 77 elementos, ha operado en condiciones precarias.

Tras los laboratorios y la primera muerte, el Consejo Estatal de Seguridad Pública impuso un mando coordinado porque Tlaxco “perdía el control”.

Una autoridad que amenaza a quien le reclama una deuda legítima y que, al mismo tiempo, presidia un municipio donde florecen laboratorios de metanfetamina y caen sus propios policías, no genera confianza: genera temor.

El miedo no es solo de los empresarios que temen cobrar. Es el de los ciudadanos que ven cómo la seguridad se deteriora mientras la alcaldesa inaugura exposiciones, corta listones y repite el chiste de la transformación.

Torrejón salió del PRI acusando violencia política y puertas cerradas. Llegó a Morena como chapulina que buscaba sobrevivir políticamente.

Ahora, con el poder municipal, reproduce las peores prácticas: informalidad en el ejercicio del gasto, opacidad frente a acreedores, minimización de la violencia y una corporación policiaca que paga con sangre la falta de respaldo real.

Dejó el tricolor, sí. Pero nunca abandonó los métodos y Tlaxco lo está pagando.