Martín Rodríguez/INNOMBRABLE
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¿Sabía usted que el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) gastó más de 7 millones de pesos para verificar que las asociaciones ciudadanas que buscaban ser partido hayan cumplido con sus asambleas municipales?

Así fue, más de 7 millones de pesos fue la erogación para descubrir que todas habían mentido e intentado engañar a la autoridad electoral para lograr el registro.

La democracia nos cuesta cara a los tlaxcaltecas, porque no olvide que el principal motivo que mueve a estos grupos es su “genuino interés” por fortalecer el sistema democrático del país (entiéndase el sarcasmo).

Para nuestra sorpresa la millonaria cantidad que gastó el ITE solo fue para anunciar que ninguna de las 17 organizaciones que en enero de este año presentaron la solicitud para buscar su registro como partidos políticos locales, lograron su cometido.

Con el rechazo a las cinco organizaciones ciudadanas que llegaron a la última etapa del proceso, el Consejo General del ITE cerró la posibilidad a la creación de partidos nuevos en Tlaxcala. Que alivio, la verdad.

El debate y los cuestionamientos siempre son los mismos: ¿El desgastado sistema político mexicano realmente requiere más partidos disputando el poder?, ¿la creación de nuevos partidos abona en algo a la democracia?.

Si revisamos los argumentos por los que el árbitro electoral no concedió el tan anhelado registro a las asociaciones, usted seguramente le dará la razón.

Mire usted: “Espacio Democrático de Tlaxcala”, “Renovemos Tlaxcala”, “Unificación y Evolución”, “Ciudadanos por constituirse en Encuentro Solidario” y “Sociedad Independiente, Sí”; todas estas asociaciones, absolutamente todas, cometieron irregularidades en materia de fiscalización y en la invalidez de sus respectivas asambleas.

Es decir, el uso de los recursos que utilizaron para buscar conseguir su registro fue opaco; además, mintieron sobre la realización de asambleas que exige la ley para conformarse como partido.

Estas irregularidades revelan las verdaderas intenciones e intereses que mueven a quienes están detrás de estos grupos de ciudadanos organizados: obtener poder político y económico a toda costa.

Para lograrlo no importa engañar a la autoridad electoral, no importa si no se transparenta la forma en que se obtuvieron los recursos, tampoco si quedan exhibidos por su falta de ética y principios. No importa nada, solo entrar al círculo del poder que actualmente representan los partidos.

Para comprobar lo anterior, basta revisar el caso de “Sociedad Independiente, Sí” que realizó sólo 11 de 40 asambleas municipales, no entregó documentación básica, nunca abrió la cuenta bancaria para el manejo de los recursos que recibía y tampoco entregó informes del origen y destino del dinero.

Esta asociación es el claro ejemplo de por qué se les debe negar el registro a estos grupos. Con un total de ocho infracciones y multas se ubica como la asociación más opaca de todas, al violentar los principios de equidad, democracia y transparencia.

Sus informes mensuales son una burla, primero reportó alrededor de 6 mil pesos, luego resulta que la asociación recibió 23 mil pesos y en el último requerimiento dijo que ese mes no recibió un solo peso.

Es inaceptable que a base de ilegalidades busquen obtener recursos públicos, porque si algo sabemos de los partidos políticos es lo que bien que viven sus dirigentes y candidatos.

Si bien, será el Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET) quien tendrá la última palabra -de hecho, dos asociaciones ya promovieron recursos de impugnación para buscar por la vía jurídica lograr su objetivo-, todos esperamos que se ratifique el rechazo.

El hecho de que existan cada vez más y más partidos políticos no significa que el sistema democrático del país y el estado se fortalece, al contrario, la carga presupuestal que significa un nuevo instituto político termina por debilitar a la democracia.

Que les avisen a estas asociaciones que en la actualidad los partidos políticos cada vez representan menos a los ciudadanos.

La ciudadanía está cansada de ver como se reparten el poder, como juegan a simular una democracia cada vez más endeble y como los principios se venden al mejor postor. El dinero manda y ellos van tras el.

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