Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
Martín RodríguezHernández/INNOMBRABLE
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Todo indica que la hecatombe se concretó el viernes de la semana pasada, cuando se hizo oficial la salida de Edgar Alfredo Portilla Flores como director de la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería campus Tlaxcala (UPIIT) del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Si fue por lío de faldas -como en redes intentan hacerlo parecer-, es un asunto aparte y tendrá que investigarse.

Entre el alumnado y profesorado existía la incertidumbre sobre la estancia de esa Unidad Profesional, a pesar de que un día antes el propio secretario de Educación Pública de Tlaxcala, Homero Meneses Hernández, había asegurado que la UPIIT se quedaría y que sólo habría una ampliación de espacio mediante la construcción de un nuevo edificio.

En entrevista, el funcionario informó que a finales del 2023, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros se reunió con el director general del IPN, Arturo Reyes Sandoval, en la que el académico solicitó al gobierno de Tlaxcala la construcción de un nuevo edificio.

Incluso, el titular de la Secretaría de Educación reconoció la necesidad de ampliar la infraestructura debido a que la actual Plaza Bicentenario resultaba insuficiente a las necesidades académicas de la institución, por lo cual ya había sido instruido por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros para destinar alrededor de 100 millones de pesos, solo para el primer año de edificación.

Los rumores sobre el cierre del IPN se venían dando desde mediados del año 2022. En aquel entonces se decía que el gobierno estatal había incumplido el acuerdo original con el IPN, signado en la administración del entonces priista y hoy morenista Marco Antonio Mena Rodríguez, que era la ampliación de la infraestructura, pues la que existía era, a todas luces, insuficiente. En tres años nada se pudo hacer para cumplir.

Ya desde entonces, sin embargo, se mencionaba que el vecino estado de Puebla había puesto sobre la mesa una oferta al IPN, comprometiéndose a construir cuatro edificios en menos de un año. Lo cierto es que la falta de espacios adecuados hizo disminuir la oferta educativa del Instituto al pasar de cinco a solo dos carreras.

Pues bien, resulta que ayer el gobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes, aprovechó la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador para agradecerle la instalación en esa entidad federativa de la Unidad Profesional Interdisciplinaria, de una nueva vocacional y del Centro de Innovación e Integración de Tecnologías Avanzadas (CIITA).

En pocas palabras, esa Unidad de la que hablaba el mandatario poblano es la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería Campus Tlaxcala (UPIIT). Así que, efectivamente, el IPN se va de Tlaxcala.

No extraña que hasta el momento las autoridades educativas de Tlaxcala no hayan dado a conocer una versión oficial sobre lo dicho por el gobernador poblano. No se sabe si lo harán.

Lo que sí es un hecho es que Tlaxcala pierde una grandísima oportunidad de fortalecer su oferta educativa, y de internacionalizarla con la presencia del Instituto Politécnico Nacional.

Quedan en el limbo decenas de estudiantes que en Tlaxcala habían albergado sus esperanzas de hacer una carrera de calidad. Para hacerlo deberán trasladarse a Puebla, en el mejor de los casos, o de plano a la Ciudad de México.

Los 100 millones de pesos que se pensaban invertir para edificar un edificio para el IPN, se irán a otro proyecto sin duda. Pero sobre la espalda de este gobierno queda haber dejado ir una institución académica de primer nivel, cuyo fruto, ciertamente, era a largo plazo, pero palpable al final de cuentas. Hoy decimos adiós a ese proyecto.

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