El caso de la basura en Tlaxcala ya no necesita muchas explicaciones, se explica solo. Calles convertidas en tiraderos improvisados, camiones varados en filas interminables, ayuntamientos pidiendo a la gente que “guarde la basura” y un único relleno sanitario —el de Atlangatepec— operando al límite, cuando no cerrado temporalmente por lluvias, fallas de maquinaria o saturación.
Una tercera parte del estado, o más, sin recolección en los últimos días y no es la primera vez en este 2026, van al menos cuatro episodios. Lo que sí necesita explicación es por qué llegamos hasta aquí.
Los rellenos de Panotla y Huamantla clausurados, el de Nanacamilpa-Calpulalpan fuera de operación desde julio; el convenio de los municipios con Atlangatepec vence el 31 de octubre y no hay plan B público, claro y creíble.
El gran proyecto que iba a resolverlo todo —el Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) en San Pedro Ecatepec— se canceló a inicios de este mes; unos dicen que por inviabilidad técnica y costos disparados, unos más que por presión ciudadana e intereses privados. La gobernadora habló de “mala información” y de un negocio privado que se vio afectado.
Resultado: se “ahorran” los recursos y la basura se queda: El método es conocido. Volte usted a observar a Jalisco, allá ensucian el agua para justificar privatizarla, aquí dejan que la basura se acumule, dicen que los rellenos están a su máxima capacidad, revientan el servicio de recolección y después aparecen las voces que aseguran que lo mejor es privatizar o concesionar, como si el caos fuera un accidente y no un mecanismo de presión.
Y en el centro de esa presión aparece, una vez más, el grupo Morelos de Luis Antonio Ramírez Hernández, el morelense que llegó a Medio Ambiente y puso a sus cuates en PROPAET y después se acomodó él mismo en la Secretaría de Gobierno —previa reforma exprés a la Constitución local—.
El mismo personaje al que en los corrillos ya llaman, con sarcasmo merecido, el “Rey de la Basura”; el mismo que, según versiones de ex trabajadores que llegaron con él y después lo exhibieron, operó en un entorno de permisos opacos, hostigamiento y denuncias que terminaron en el aire.
No es que no existan alternativas, claro que existen. Centros de transferencia, compostaje real de orgánicos, separación en origen con incentivos, estaciones municipales, involucramiento de especialistas independientes y mucho más, lo que no existe es la voluntad de explorarlas con seriedad antes de hablar de entregar el problema al sector privado.
Porque privatizar en medio del desastre casi nunca resuelve el desastre: solo cambia de dueño y de precio. Tlaxcala produce cerca de mil 470 toneladas de basura al día y eso no es un problema menor.
Tampoco es un negocio que deba resolverse a espaldas de la ciudadanía, con presión a los municipios y con el mismo grupo político que controla las áreas ambientales diciendo que ellos tienen la solución. Urge transparencia.
Urge saber cuántas mesas técnicas reales se han hecho con gente que sí sabe del tema y no solo con funcionarios que ocupan el cargo y con eso se sienten especialistas; urge conocer las alternativas antes de que nos digan que la única salida es privatizar y urge, sobre todo, que dejen de ver el agua y la basura como mercancía que se puede vender al mejor postor mientras las calles se llenan de perros callejeros abriendo bolsas y de vecinos hartos que ya amenazan con llevar los desechos a las presidencias municipales.
Tlaxcala no necesita más operadores que llegaron a hacer carrera y a hacer negocios, necesita funcionarios que se pongan a trabajar, que den alternativas, que no entreguen los bienes del Estado para que unos cuantos sean los terceros beneficiados. La basura, al final, siempre termina delatando a quien la genera y a quien más se asemeja.
Las 3 de ley… 1- La irrumpción de Agricultura Digna venía cargada de molestia y de un intento de protagonismo, pero basto que el vocero les abriera los micrófonos para desactivarla, con pura saliva
2- En lugar de confrontación, les dio escenario, tiempo y hasta mesa de trabajo. El resultado: la protesta perdió agresividad y se convirtió en un intercambio controlado donde el gobierno salió como el que “escucha”, aunque esto fue pura diplomacia, no nos engañemos.
3- Al permitirles hablar, Antonio Martínez transformó lo que pretendía ser un acto de denuncia en una comparecencia más dentro de los Diálogos Circulares. Los productores pasaron de ser el centro de la molestia a ser solo otro grupo al que se le da derecho de réplica, así MARVEL no necesitó descalificarlos de nuevo: les dio el espacio y con eso diluyó el impacto de su llegada.
