MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Si alguien merece un trono en el reino del desorden, ese es Marco Tulio Munive Temoltzin. El titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT) de Tlaxcala parece haber perfeccionado el arte de ignorar, exasperar y, de paso, hundir en el caos a quienes dependen de su gestión.

Los transportistas de la Unificación de Concesionarios de Tlaxcala lo tienen claro: o se va en 48 horas, o las calles del estado se convertirán en un campo de batalla vehicular. Y, francamente, no se les puede culpar.

No es un capricho, no es una rabieta. Es el grito desesperado de quienes han visto cómo la SMyT, bajo el mando de Munive, se transforma en una maquinaria de abusos y extorsión.

Multas de 40 a 50 mil pesos que parecen sacadas de un sombrero de mago, operativos que terminan con unidades en el corralón por faltas tan “graves” como un engomado ausente, y una sordera testicular institucional que raya en lo insultante.

¿Dónde está la justicia que pregona el Gobierno del Estado? Porque en las oficinas de la calle Hidalgo en San Pablo Apetatitlán, sede de la dependencia, seguro no la encuentran.

Este martes, mientras 20 rutas de transporte paralizaban la zona y tres mil concesionarios amenazaban con sumarse a la rebelión, Munive brillaba por su ausencia.

Ni una palabra, ni un gesto. En su lugar, Emilio Minor Molina, director de Gobernación, salió a pedir tiempo, como si el reloj no llevara meses —o años— corriendo en contra de los transportistas.

¿Cuánto tiempo más necesita el titular de la SMyT para darse cuenta de que su silla arde?

Javier Meléndez Tecuapacho, vicepresidente de la Unificación, lo dijo sin rodeos: “Este señor ha cometido violaciones a la ley, atropellos, y lo que queremos es justicia”.

No son acusaciones menores. Hablan de un funcionario que, lejos de facilitar la movilidad en Tlaxcala, ha convertido su gestión en un viacrucis para quienes mantienen vivo el transporte público.

Conductores de Expreso Xicohténcatl y otras concesiones de la zona sur, centro y norte del estado coinciden: trabajar bajo el yugo de la SMyT es como jugar a la ruleta rusa con sus unidades y su sustento.

Y mientras María de Jesús Ramírez Armenta, tesorera de la organización, advierte que sacarán todo su parque vehicular si no hay respuesta, uno se pregunta: ¿qué hace Marco Tulio Munive mientras el estado se tambalea?

¿Planea más operativos para exprimir a los chóferes? ¿O simplemente se refugia en el silencio, esperando que el problema se disuelva solo? Si su estrategia es la indiferencia, le tengo noticias: no está funcionando.

Tlaxcala merece una Secretaría de Movilidad que mueva, no que paralice. Merece un titular que escuche, no que esquive. Marco Tulio Munive ha tenido tiempo de sobra para demostrar que puede con el puesto, y lo único que ha probado es su talento para el desastre.

Si en 48 horas no hay cambios, las calles hablarán por él. Y algo me dice que el mensaje será ensordecedor.