MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Han pasado más de diez días desde que Alma González Montiel, maestra de Educación Física de 40 años, desapareció el 17 de septiembre en el fraccionamiento San Miguel de Cuautlancingo, Puebla. Cinco días después, el 21 o 22 de septiembre, su cuerpo fue localizado envuelto en una lona, con lesiones en el rostro y otras partes del cuerpo, en un camino de terracería entre Cuautinchán y Santa Cruz Alpuyeca; la Fiscalía de Puebla confirmó la identidad y abrió la investigación, pero hasta hoy no hay avances públicos contundentes ni detenidos.

Y mientras tanto, en Tlaxcala, el silencio institucional se hizo notar, porque ni la Secretaría de Educación Pública del Estado, ni el secretario José Alonso Trujillo Domínguez, ni el gobierno emitieron un pronunciamiento firme, una esquela digna o un mensaje claro de acompañamiento a la familia y mucho menos al magisterio. Apenas un comunicado escueto y temeroso de la Sección 31 del SNTE, con un llamado tibio a que se investigue. Calculado para no incomodar a nadie que pudiera amenazar el puesto que ostenta ilegalmente Cutberto Chávez de la Rosa.

Ese vacío de sensibilidad no pasó desapercibido, porque el lunes 28 de septiembre, más de 200 docentes, familiares y compañeros marcharon desde el Monumento a Tlahuicole hacia el Palacio de Gobierno. Playeras blancas, pancartas y consignas claras: “Alma merece justicia. Su familia merece respuestas. Las y los docentes merecemos seguridad”. La movilización fue encabezada por el propio Cutberto Chávez de la Rosa, secretario general de la Sección 31; el mismo  del comunicado tibio se vio presionado, y aunque sea tarde, pero salió.

Alma impartía clases en la primaria Luz y Amor, en el barrio de Tlaltepango, en San Pablo del Monte. Dejaba un hijo en la orfandad; sus compañeros de Educación Física y la comunidad educativa la recordaron como una maestra querida. “Su voz también era parte de la educación” y “No es solo por ella, es por todas y todos” fueron mensajes que se escucharon en la marcha.

La violencia que cobró su vida no es un caso aislado; en Tlaxcala, la entidad que todavía presume ser de las más seguras, los docentes han sentido el incremento de la inseguridad. El silencio inicial de las autoridades educativas y el tono calculado del sindicato no son neutros: son omisión, por eso la marcha del 28 de septiembre demostró que cuando el magisterio se organiza, la indiferencia se vuelve insostenible.

La investigación sigue abierta en Puebla, la familia pidió respeto, el magisterio exige seguridad real, no solo comunicados. Justicia para Alma no puede quedarse en una consigna de un lunes. Si no es por ella, ¿por quién será la próxima vez?, la pregunta sigue abierta y el silencio oficial, aunque ya acompañado de una marcha, sigue pesando.

Las tres de ley… 1- de película y pena ajena lo ocurrido ayer en Calpulalpan, justo cuando la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, encabezaba el acto de colocación de la primera piedra de la Ciudad de las Personas Adultas Mayores, acompañada por la titular del DIF Nacional, Rocío García Pérez. Un grupo de productores del Frente Nacional para la Defensa del Campo en Tlaxcala y de Agricultura Digna interrumpió el evento para reclamar la falta de apoyos ante pérdidas por canícula y granizadas, así como la ruptura de las mesas de diálogo desde julio (con al menos ocho oficios de audiencia sin respuesta).

2- Al terminar su discurso, los gritos y reclamos se intensificaron. El equipo de seguridad activó un protocolo de “extracción de emergencia”: los escoltas la rodearon, la bajaron del templete y la llevaron a los vehículos oficiales. Ante el bloqueo de vialidades con tractores, la comitiva usó una ruta alterna para salir de forma abrupta.

3- Una vez más, los asesores de Lorena Cuéllar la colocan en el centro del conflicto con una escena de evacuación apresurada. Pudo quedarse a escuchar a los productores o retirarse con orden y sin espectáculo. En cambio, se optó por una “extracción de emergencia” que proyecta un gobierno temeroso o, cuando menos, incapaz de traducir en hechos el discurso permanente de diálogo y apertura.