MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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A pocos días de la jornada electoral del 1 de junio, Tlaxcala se encuentra en la antesala de un ejercicio democrático sin precedentes. Si no se mancha con los “acordeones” sería mejor.

Le llaman antidemocrático pero es todo lo contrario, pues será la primera ocasión que el poder judicial sea electo por el voto en las urnas y no por decisión del senado, o del titular del ejecutivo federal, como ocurría anteriormente.

El Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE), bajo la batuta de Emmanuel Ávila González organiza otra elección, ahora una extraordinaria que definirá 36 cargos del Poder Judicial local. Además de los cargos federales.

Este proceso, que combina tradición e innovación, no solo pone a prueba la capacidad logística del estado, sino también el compromiso cívico de una ciudadanía que históricamente ha respondido con una participación envidiable, rozando el 70% en comicios pasados.

La elección de cuatro magistraturas y diversos jueces para el Tribunal Superior de Justicia, justicia administrativa, disciplina judicial, conciliación y arbitraje, entre otros, no es un trámite cualquiera.

Por primera vez, los tlaxcaltecas enfrentarán un “crucigrama electoral” con 13 boletas de colores distintos, cada una con numeraciones específicas según el cargo.

Desde magistrados estatales hasta jueces locales y aspirantes a la Suprema Corte. Un diseño que, si bien busca precisión, podría abrumar al votante menos informado.

El ITE, en coordinación con el Instituto Nacional Electoral (INE), ha trabajado contrarreloj desde la reforma electoral de diciembre para garantizar que las 820 casillas seccionales únicas estén listas este domingo de 8:00 a 18:00 horas.

La novedad no termina ahí: el cómputo simultáneo de votos para magistraturas y jueces, con resultados preliminares en tres o cuatro días y un cierre definitivo en un máximo de diez, promete agilidad, aunque también plantea retos logísticos. Así lo ha dicho el titular del ITE.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La ausencia de financiamiento público para los 143 candidatos ha limitado sus campañas, restringiendo su acceso a medios tradicionales.

El ITE ha intentado compensar esto con foros, debates y una plataforma digital que, aunque bien intencionada, ha sido señalada como insuficiente para informar a la ciudadanía.

A esto se suma la controversia sobre el comité de evaluación que seleccionó a los candidatos, acusado de imponer perfiles y opacar la transparencia del proceso, ya ve que uno que otro ladronzuelo se les coló y uno que otro con antecedente penal, también.

Como si fuera poco, las tensiones nacionales, con la CNTE y otros actores externos generando incertidumbre, han puesto a prueba la narrativa de un proceso blindado, en Tlaxcala afortunadamente no sucede así y eso es algo que abona a nuestra democracia.

Ávila González, sin embargo, se mantiene seguro de que la jornada transcurrirá sin incidencias: la coordinación con la Guardia Nacional, la Sedena y la Secretaría de Seguridad Ciudadana asegura una jornada sin “focos rojos”.

Hoy, con el fin del proselitismo, los candidatos guardan silencio y comienza la veda electoral.

Tlaxcala, conocida por su fervor cívico, tiene ante sí una oportunidad histórica para moldear su Poder Judicial. Al menos la mitad.

Pero el desafío es claro: un voto razonado requiere información clara, y en este rompecabezas de boletas, la ciudadanía necesitará más que entusiasmo para descifrarlo.

El ITE confía en que este ejercicio, con sus imperfecciones, sentará las bases para futuros perfeccionamientos.

Por lo pronto, el domingo será un día para que Tlaxcala, una vez más, demuestre que su voz pesa en las urnas, le pese a quien le pese, así que salgamos a votar.