LETICIA ALAMILLA CASTILLO/COLUMNA DE OPINIÓN
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“Si el fin justifica los medios, ¿qué justifica el fin?“. – León Trotsky

Apuntes

Comienzo con unos apuntes:

Estudié la carrera de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM  y mi ingreso a la Universidad fue en los años en los que cayó el Muro de Berlín, es decir, cuando se derrumbó el socialismo al que las sociedades modernas aspiraban llegar. Me tocó estar y formarme en una línea muy delgada entre los docentes marxistas y los que dejaron de considerar al socialismo como el estado ideal, enmarcado por la inexistencia de grupos humanos colocados en los dos polos de la economía: los miserables y la élite económicamente poderosa. Los primeros, nos decían los libros de Marx, poseedores única y exclusivamente, de su fuerza de trabajo, y los segundos, de los medios de producción.

El socialismo planteaba la posibilidad de la existencia de una clase media, de una vida digna, de una educación otorgada por el estado de gran nivel, igual que todos los servicios que requerimos de manera cotidiana, entre muchas otras cosas. La pobreza no estaba concebida en ese modelo, a diferencia del capitalismo que inevitablemente genera esa polarización.

Doy estos antecedentes porque explican la formación que tuve y la mirada que determinan mis opiniones, es decir, ese prisma a través del cual intento entender, analizar y explicar lo que acontece a mi alrededor.

Siendo universitaria, marché y participé en los paros del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) para evitar la reforma en la UNAM que pretendía eliminar la gratuidad de los estudios en la máxima casa de estudios. Fui testigo de la formación del PRD y del movimiento por defender el triunfo del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, así como el auge de un feminismo que se comenzaba a extender por todos los espacios universitarios y que permeó mi visión, hoy en día, sobre el género.

Sin temor a equivocarme, podría decir que un alto porcentaje de quienes estudiamos Sociología o Ciencias Políticas en la UNAM, nos identificábamos con la izquierda, lo que tuvo como resultado una visión crítica de la política.

En aquellos días

Todavía en la década de los 80 eran claros los fundamentos ideológicos de los partidos políticos y de sus actores. No existía confusión alguna. Sabíamos y ubicábamos a los partidos de izquierda, derecha y centro. Podíamos identificar con abrumadora claridad los discursos de cada corriente; el ideario político era de conocimiento y a veces memorización doctrinaria, de quienes se colocaban de uno u otro lado.

Las cosas cambiaron

Pero las cosas cambiaron, aparecieron nuevos movimientos sociales, partidos, actores sociales, políticos, y nuevos escenarios. A más de cuatro décadas de los 80s. las cosas a veces resultan muy confusas y requieren un esfuerzo intelectual mayor, para comprender el acontecer cotidiano y los movimientos en el ajedrez de la política local. Los reacomodos, en muchas ocasiones, son desconcertantes porque es difícil concebir el cambio de posturas ideológicas de manera tan estrepitosa. Sin embargo, sucede, está sucediendo.

En el contexto local

Acabamos de conocer que una de las priistas “de hueso colorado” y más acérrima defensora de su partido, dejó las filas del decadente tricolor. Tomó la decisión cuando el barco llegó al fondo de un abismo, que se visualiza, sin retorno posible. Lo hizo, argumentando violencia política por razón de género por parte de su dirigente.

Blanca Águila es una política que creció políticamente en las filas del partido nacido en 1929 y, tras varias décadas, tomó la decisión de abandonar su militancia en el PRI.

¿Cuáles son las razones de fondo que la llevaron a abandonar el barco? ¿A qué instituto político migrará? ¿Cuál es la trama política? ¿Se moverá a la izquierda? ¿Cómo quedará parada políticamente con la militancia y el capital político que acumuló a lo largo de dos décadas? ¿La seguirán? ¿Cómo justificar o crear la narrativa que la mueva a un instituto político al que ha criticado como férrea opositora? ¿Cómo salir bien librada en términos políticos para mantener la credibilidad que tuvo, al menos entre sus seguidores? ¿En qué consiste la negociación?

Son más las preguntas que podríamos hacerle, pero pronto comenzaremos a conocer algunas de las respuestas.

Que debe ofrecer la izquierda en Tlaxcala

Quizá uno de los retos mayores de la izquierda en Tlaxcala, es darse cuenta que libra una batalla política y que es necesario la creación de un relato que sea capaz de equilibrar la correlación de fuerzas a nivel mediático.

Hoy en día hemos observado que Ideológicamente existe una narrativa distinta a la que persistió en la izquierda, todavía en los ochenta, que se caracterizó por un formato radical del discurso.

Hoy vemos en Tlaxcala un gobierno de izquierda que está avanzando desde otras trincheras, tratando de lograr una transformación que impacte de manera positiva a diversos sectores de la población. Quizá no ha sido explícito el ideario político, pero si es clara la política social que ha adoptado y es llevar los programas sociales de gobierno, a los sectores más vulnerables.

Los medios

De ahí la importancia de que mediáticamente se conozca de manera eficaz y real, que hay claridad en el rumbo de las políticas públicas implementadas por este gobierno.

El modelo que prevalece para algunos medios, que anhelan el pasado de privilegios, es difundir mentiras para tratar de incidir en la opinión pública, lo que genera la polarización que se ve, con cierta claridad, en las redes sociales, por ejemplo.

Esto debido a que hay una especie de uso de los medios de comunicación para comunicar odios y frustraciones, y no para informar.  Esta situación explica el desatino en la información y narrativa que manejan, ya que le apuestan, a servir y responder a ciertos intereses. Es clara la esquina en la están colocados.

 Las opiniones vertidas en este espacio son responsabilidad exclusiva de la autora y, no necesariamente, corresponden al enfoque editorial de este medio.