En Tlaxcala, donde la política se mide por apellidos y el poder se hereda como un reloj de oro, la reciente reforma contra el nepotismo electoral aprobada en el Senado ha generado suspiros de alivio entre las mismas dinastías que promete combatir.
Mientras el país celebra la prohibición de reelección y parentescos en cargos públicos, aquí muchos ven una oportunidad de oro: “heredar el hueso”, al menos hasta el 2027, a tiempo antes de que la norma entre en vigor en 2030.
¿Es esta ley el fin de un sistema feudal o solo un respiro para perpetuar lo mismo?, pregunta que no tiene una sola respuesta, todo por cortesía de personajes como Félix Salgado Macedonio que festeja en la quebrada, la permanencia de su sangre en el puerto y otros municipios que integran al estado de Guerrero.
Tlaxcala: El reino de los apellidos
Por décadas nuestra entidad ha sido un laboratorio de nepotismo, con todo y su “alternancia”. Aquí familias enteras han rotado en cargos de elección popular, municipios y diputaciones, tejiendo redes de lealtades y favores.
La reforma, que prohibirá postularse a quien tenga parentesco cercano con un titular en los tres años previos, suena a sentencia… pero con una cláusula salvaje: no aplicará hasta después de 2027.
La prórroga dorada es cortesía de los partidos aliados de Morena (PVEM y PT) quienes avalaron retrasar la vigencia hasta 2030. Esto permite a las dinastías locales (ya sean priistas, morenistas o panistas) colocar a un último heredero en 2024 o 2027, asegurando otra década de influencia. ¿alguien lo duda?
Aunque no se nombró a Tlaxcala en lo particular somos un caso emblemático en el debate nacional; senadores admitieron que la postergación beneficiará a “quienes necesitan un último relevo generacional”. ¿Quiénes? Basta revisar los apellidos en los 60 municipios.
La ironía: Una reforma contra dinastías… usada por dinastías*
Mientras la oposición acusa a Morena de blindar sus candidatos para 2027, en Tlaxcala el juego es transversal: El PRI históricamente consolidó clanes que en el tricolor, o desde el PRD y el PAN, en ambos colores se mantuvieron vigentes.
Morena en su llegada al poder, replicó el modelo con nuevas figuras, pero también con viejos apellidos reciclados. Ahí están los Sánchez García, los Rivera, tantos y tantos que sobra espacio para inscribirlos en este texto.
La regla no escrita parece ser una: todos tienen hasta 2030 para repartirse los puestos entre primos, hijos o cuñados, ya después se les acabará el gas de la credibilidad y la legitimidad, o los alcanza la peste que han dejado entre familiares. Como sea se les acabará el hueso, pero para eso todavía falta.
Si la aplicación fuera inmediata, se evitaría que en 2027 se repita el casting familiar al que muchos partidos políticos se han acostumbrado, pero incluso siendo aplicada para este momento ¿alguien vigilará los vínculos ocultos?, probar relaciones de pareja o acuerdos bajo la mesa será un desafío en un estado donde el compadrazgo es moneda corriente.
La reforma es un avance, pero en Tlaxcala huele a despedida de época: un festín final para repartir huesos antes de que la puerta se cierre. La pregunta no es si las dinastías caerán, sino cuánto daño generarán en estos años de gracia.
La ciudadanía debería poder exigir que la aplicación sea retroactiva o, al menos, auditar cada candidatura con lupa. El nepotismo no se reforma con plazos: se erradica con voluntad y aquí, esa sigue escaseando.


