Paty Morales / Columnista
Paty Morales / Columnista
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Recordó que en la política no hay lealtades, hay intereses…

En el Consejo Nacional de Morena, se anunció la meta de 71 mil comités seccionales puestos rumbo al 2027 pero con claras excepciones.

En esta ocasión sus aliados han cambiado de bandera, los efectos de la reforma electoral afloran las mayores diferencias entre correligionarios.

La primera de ellas es la ambivalencia en la que viven y laboran los servidores de la nación: medio tiempo en el cargo al que fueron electos y medio cuidando el “segundo piso” de la transformación.

Pero la segunda y más evidente, es la participación electoral nutrida a fuerza de borrar las fronteras entre gobierno y partido, entre derechos y clientelismo.

Junto con el anuncio de la cifra de la estructura territorial, se informó que dichos órganos tenían 7 personas al frente, en cuenta superficiales existe 350 mil individuos con el chaleco puesto.

Es una versión más moderna de los testigos de Jehová, estos votan y pedirán el voto en defensa de Morena de puerta en puerta.

El calendario y las reglas aprobadas por el consejo compuesto por 287 integrantes de las elites, tenía el objetivo primario de disipar los rumores de la deserción de sus principales liderazgos ante la indefinición de procesos y avance de la abierta campaña (sin importar en que latitud este leyendo esto).

Pero también la firme intención de respaldar el proyecto de reforma electoral presentado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, ahora que sabemos, no será así… Más vale que la cúpula reconozca los síntomas.

Las frases repetitivas, el culto a la personalidad, los colores, las actividades y las actitudes, todas calcadas del antiguo régimen que estaban destinados a reemplazar.

Pero sin llegar a la conclusión apresurada de a quién beneficia lo ocurrido en consejo con el proyecto de reforma, la pregunta pertinente es:

¿A quiénes afecta principalmente? A los de siempre, a los de casa.

Los efectos en Tlaxcala son instantáneos, no por la cercanía geográfica, mucho menos por el cariño y las constantes visitas presidenciales, sino por algo menos obvio.

Porque la sucesión incomoda al gobierno en turno, por eso eligen hablar de los planes que no se concretan, sea la letra que sea. Encabezar significará, 1) ir sin aliados y, 2) saber que a los de siempre no se les tomará en cuenta como se esperaba. Hoy, el mensaje, son palabras menores.