Visitar los baños públicos tiene mucho de misión de guerra. A veces, lo suaviza la picardía mexicana con notas escritas en excelsitud como si fueran haikus populares, otras tantas son divertidas y también las existen nefastas. El día de ayer, unas notas en el baño hackearon al gobierno exhibiendo que no hay protocolos oportunos de investigación y protección, o, mejor dicho, unas notas de baño paralizaron y exhibieron que la capacidad de reacción de la gobernanza se cimienta en la ansiedad y el miedo.
Pero no quiero ser simplón en la crítica, la cuestión es compleja, y más bien, entiendo que las autoridades se hayan tomado tan en serio una broma; el atentado en Teotihuacan nos paralizó a todos. Si bien, los mexicanos somos ciudadanos que han normalizado los altos índices de violencia, pocas situaciones —corríjanme— hemos visto en México sobre crímenes de odio en contra de civiles en espacios públicos. Emmanuel Carrere expone de manera magistral en “V13 Crónica Judicial” una persecución literaria sobre los atentados en el Bataclán y es posible que las conclusiones conseguidas en cada lector giren en torno a la enfermedad del extremismo mundial fermentándose principalmente en los jóvenes que apuestan su vida la maquinaria del odio encubadas en redes y foros de internet. Ya llegó a México.
El fracaso del capitalismo ha enfermado a la sociedad, a nuestros jóvenes y eso se palpa; pero los gobiernos no pueden ampararse solamente a reaccionar, y mucho menos, deben mostrarse frágiles y ansiosos. ¿Dónde está la capacidad de investigación (las notas del baño llevaban varios días en las instituciones educativas)? ¿Dónde está la prevención del delito? ¿Está viendo el mundo y los gobiernos la crisis de sanidad mental post pandemia? La seguridad en las escuelas y en los espacios públicos de convivencia, después de lo de Teotihuacan, debería volverse un tema necesario y prioritario de abordar en todas las agendas gubernamentales en México. En Tlaxcala, se resolvió, por fortuna y sin nada que lamentar… pero tampoco se podrán cerrar los espacios públicos por cada provocación.



