El 15 de enero de 2026, en los Diálogos Circulares, el secretario Rigoberto Zamudio Meneses destacó que Tlaxcala ocupaba el primer lugar nacional en cobertura contra influenza, COVID-19 y VPH, con avances del 90.86% en influenza y 97% en VPH para niñas y niños de 9 a 11 años.
Afirmó que no hubo defunciones por COVID-19 o influenza en 2025, y posicionó al estado como referente en protección sanitaria gracias a la coordinación interinstitucional.
Sin embargo, el sarampión presenta un panorama distinto. A pesar de “campañas intensivas” —con más de 161,000 dosis aplicadas hasta finales de enero de 2026 y solicitudes de lotes adicionales de 50,000 dosis para alcanzar el 95% de cobertura en grupos objetivo—, persisten interrogantes fundamentales:
¿Por qué, con macrocentros y cercos epidemiológicos activos, se superan los 10 casos confirmados y se registra una defunción?, ¿Existe una base de datos robusta que identifique con precisión a la población no vacunada o todo es a “ojo de buen cubero”?
Reportes locales sugieren que la vacunación ha sido principalmente reactiva, dirigida a quienes acuden por pánico, lo que podría explicar duplicidades en dosis para algunos, mientras menores en riesgo permanecen sin localizar.
La población en riesgo principal incluye lactantes de 6 a 11 meses, niños de 1 a 4 años (que requieren refuerzo) y adultos de 10 a 49 años (que necesitan la vacuna doble viral SR).
La meta federal y estatal apunta al 95% de cobertura en estos grupos para frenar la transmisión, pero el avance exacto no se detalla públicamente por municipio, o grupo de edad, opacando la verdadera magnitud del rezago.
Esta situación dista de ser “pánico infundado”. El sarampión es altamente contagioso —un solo caso puede generar entre 12 y 18 contagios— y su reaparición en México se asocia directamente con bajas coberturas de vacunación posteriores a la pandemia.
En Tlaxcala, el énfasis en otras vacunas (influenza y COVID-19) contrasta con rezagos en la vacuna SRP (Sarampión, Rubéola y Paperas), lo que explica por qué el estado brilla en algunas métricas pero enfrenta brotes en otras.
La falta de coordinación institucional es evidente, tan es así que “el secretario de Educación, Homero Meneses Hernández, anticipó medidas o declaraciones solo para ganar el reflector”, insisten los allegados a Zamudio, esto sucedió antes de que el responsable de salud de Tlaxcala reaccionara públicamente. Esto exhibe desalineación intersecretarial, o cero coordinación.
Además, mientras se exhortó a la población a “cuidarse” y revisar cartillas de vacunación, no se han suspendido eventos masivos ni se implementan restricciones proporcionales al riesgo, como sí ocurrió durante la pandemia de COVID-19.
Estas contradicciones generan confusión y plantean preguntas incómodas: ¿existe riesgo suficiente para justificar medidas drásticas, o se minimiza la situación para no afectar la narrativa de “éxito sanitario”?
La restauración de la cartilla de vacunación como requisito obligatorio para el ingreso escolar —como lo fue históricamente— podría garantizar esquemas completos y detectar rezagos tempranos. Su exigencia estricta facilitaría la localización de la población no vacunada, especialmente en menores.
El contexto internacional añade otra capa de complejidad. México perdió en 2019 la certificación como país libre de sarampión otorgada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) debido a brotes anteriores.
Aunque el país busca recuperarla mediante la eliminación de la transmisión endémica, brotes como el actual retrasan este objetivo, afectando no solo la salud pública nacional sino también la credibilidad internacional.
Tlaxcala ha demostrado capacidad en vacunación sectorial, pero el sarampión ha revelado vulnerabilidades estructurales: falta de una base de datos integral, un enfoque reactivo en lugar de proactivo, y discursos que contrastan con la incidencia real.
La responsabilidad no es exclusiva de Puebla ni del sector salud tlaxcalteca; es compartida y requiere coordinación efectiva, localización casa por casa de menores rezagados y transparencia en los avances por grupo de edad y municipio.
La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz, como lo reitera el propio secretario Zamudio. Pero para que funcione, debe ir más allá de las metas cuantitativas, necesita precisión en la focalización, actualización constante de los registros y medidas proporcionales al riesgo epidemiológico real.
Solo así se evitarán más tragedias como la del menor fallecido y se protegerá verdaderamente a la población tlaxcalteca. Ante la falta de coordinación estatal nos corresponde exigir certeza y números reales.


