MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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La capital de México está en jaque, y no por una fuerza externa, sino por los maestros de la CNTE, esos mismos que alguna vez fueron el músculo combativo de la 4T. La presidenta Claudia Sheinbaum, quien presume de sensibilidad social, parece desconcertada ante la furia de quienes, en teoría, eran aliados naturales del proyecto obradorista.

Las calles de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y ahora Tlaxcala retumban con las protestas de docentes que, lejos de ser los “fifís” que tanto critica el oficialismo, son la viva imagen de la pobreza que el gobierno dice defender. Y en este torbellino, brilla por su ausencia Leticia Ramírez Amaya, exlíder de la CNTE y hoy funcionaria de alto rango, cuya pasividad raya en la complicidad con un gobierno que no termina de entender a sus bases.

Sheinbaum, con su estilo de gobernar desde la sobriedad tecnocrática, ha intentado apaciguar a los maestros con buenas palabras y promesas parciales: un aumento salarial del 9%, la congelación de la edad de jubilación y ajustes cosméticos al sistema de pensiones. Pero los docentes no se tragan el discurso.

En Tlaxcala, donde la CNTE también ha levantado la voz, los maestros saben que 16,000 pesos al mes –o menos– no alcanzan para una vida digna, mucho menos en un estado donde el costo de vida, aunque más bajo que en la capital, sigue siendo un desafío para quienes educan a las futuras generaciones.

La presidenta insiste en que revertir la reforma del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), esa herencia envenenada de Calderón, es fiscalmente imposible. Pero, ¿no era este el gobierno que prometía justicia para los más vulnerables? ¿no eran primero los pobres?. Los maestros, con sueldos raquíticos y un sistema de salud pública que apenas les ofrece migajas, no ven reflejada esa justicia en sus bolsillos ni en su futuro.

Y luego está Leticia Ramírez Amaya, cuya trayectoria como exlíder de la CNTE debería, en teoría, hacerla la interlocutora ideal para tender puentes. Pero su silencio es ensordecedor. Como ex secretaria de Educación y actual funcionaria, Ramírez parece haber olvidado las luchas que alguna vez encabezó.

¿Dónde está la combativa Leticia que desafiaba las reformas neoliberales? Parece que se quedó en el archivo de la 4T, reemplazada por una funcionaria que prefiere el escritorio a las calles. Por eso sus ex compañeros no la quieren ni la toman como una interlocutora tal, seria, ni de peso.

El gobierno de Sheinbaum, mientras tanto, ha pasado de la diplomacia a la confrontación. La presidenta, en un giro que revela su incomodidad, ha insinuado que los argumentos de la CNTE se alinean con los de la derecha, una acusación que busca deslegitimar a los manifestantes al pintarlos como peones de la oposición. ¿En serio, presidenta? ¿Acusar a los maestros de Oaxaca, Guerrero, y mañana a los de Tlaxcala de ser aliados de los “conservadores”?

Eso es un golpe bajo que no solo subestima la inteligencia de los docentes, sino que ignora el historial de lucha de la CNTE, que siempre ha sido un dolor de cabeza para cualquier gobierno, sea del PRI, del PAN o ahora de Morena. La pregunta que resuena en Tlaxcala y más allá es clara: si los maestros eran los aliados de la 4T, ¿por qué ahora son tratados como adversarios?

Mientras tanto, el SNTE, ese sindicato domesticado que aplaude cada migaja del gobierno, calla y consiente. Su líder, Alfonso Cepeda, recién afiliado a Morena, ahora ofrece millones de votos para las elecciones judiciales, pero no una palabra sobre las demandas de los docentes de base.

En Tlaxcala, donde la pobreza también marca la vida de los maestros, el contraste entre el silencio del SNTE y los gritos de la CNTE es brutal. Sheinbaum y Ramírez Amaya parecen confiar en que el tiempo y las promesas apaguen el fuego, pero subestiman la memoria de los maestros. Estos no olvidan que el gobierno que prometió ponerlos primero sigue sin saldar las deudas históricas con quienes sostienen la educación pública.

La 4T se jacta de ser el gobierno de los pobres, pero en las calles de Tlaxcala y el resto del país, los maestros –pobres entre los pobres– están hartos de discursos.

Más datos de la Elección Judicial

Estados con votación por debajo de la media nacional: Chiapas; de Michoacán; de Baja California, Sonora, Morelos, Baja California, Colima.

Estados con votación abajo del promedio nacional fueron: Baja California Sur, con 10.17%; Colima, con 10.47%; Morelos, con 10.9%; y Zacatecas, con 11.1%.

Entidades con mayor participación electoral: Ciudad de México, con 14.3% de participación; Quintana Roo, con 14.3%; San Luis Potosí, con 15.2%; Oaxaca, con 14.6%; y Tlaxcala, con 13.7%.