Los Taboada, padre e hijo, han entendido que, a través de la presión y las poses de fuerza, pueden someter incluso a quienes supuestamente dirigen la gobernabilidad y la gobernanza en Tlaxcala.
Ayer se sentaron en la Secretaría de Gobierno como si fueran los dueños del lugar y pusieron sobre la mesa su pliego petitorio con un mensaje claro: “nosotros mandamos aquí”.
Lo que ocurrió ayer, alrededor de las 13:00 horas, fue una reunión convocada por el propio gobierno estatal, que actuó como anfitrión de los mismos actores que, días antes, habían retenido a la titular del Ejecutivo durante un acto público en Nanacamilpa. Aunque lo nieguen, porque su lenguaje habitual es la mentira y el cinismo, los Taboada saben perfectamente lo que sucedió ese día.
Resulta inexplicable que funcionarios morelenses —ingenuos o no— hayan aceptado sentarse a dialogar con el mismo grupo que acusó al gobierno de golpearlos, reprimirlos y que incluso abrió una carpeta de investigación por desaparición forzada.
Ahora, ante quienes se autodenominan víctimas, pero actúan como victimarios al cerrar carreteras y golpear la economía de miles de empresas que observan con resignación su impunidad, el gobierno se somete a sus caprichos.
En plena mesa de diálogo, los autodenominados “líderes campesinos” exigieron la salida inmediata de camarógrafos, fotógrafos y comunicadores sociales que se encontraban en la sala. Su argumento fue testicular: querían negociar y exigir en libertad, sin testigos incómodos.
Luis Antonio Ramírez Hernández, titular de la Secretaría de Gobierno, cedió a esa exigencia. Olvidó —o prefirió ignorar— que estos mismos sujetos han negado sistemáticamente haber utilizado niños y mujeres al frente de sus marchas y bloqueos, precisamente para obligar al Estado a tratarlos con pinzas y a abrazarlos con seda y terciopelo.
Al doblegar al principal interlocutor y mediador del gobierno, los Taboada encontraron la ruta que buscaban. Y el gobierno sin saberlo, ayer alimentó a sus propios demonios: a partir de ese momento nada los detendrá en su ambición. Los miembros de la Segob que permitieron esto habrán despertado fuerzas que, suceda lo que suceda, volverán a levantar la voz y a someter a la autoridad que debió mostrar firmeza, sin perder la cordialidad.
¿Para eso se violentó la Constitución local? ¿Para abrirle paso al mejor cabildero que había llegado a Tlaxcala, como se decía? Valiente defensa la lograda por el ex titular de Medio Ambiente.
Ya se puede anticipar lo que dirán mañana estos “campesinos”: que durante la charla de ayer fueron golpeados, sometidos y ultrajados para obligarlos a ceder. ¿Quién podrá desmentirlos? No existe material videográfico, ni fotográfico que respalde la versión oficial, porque ellos mismos concedieron la oscuridad que se les exigió.
Ahora sí la voz de los inconformes se convertirá en ley: primero, porque llevan como bandera la defensa del campo; segundo, porque ya se han presentado públicamente como maltratados por la autoridad.
Lo que nunca se dirá es que los Taboada ayer sacaron de la reunión a los periodistas y comunicadores sociales para negociar en la penumbra. Si sus exigencias son legítimas, ¿por qué insistir en un diálogo sin la intermediación de los medios? ¿No sería un logro para los propios campesinos que los acuerdos alcanzados —supuestamente en beneficio del agro tlaxcalteca— tuvieran testigos y respaldo público?
Que nadie se sorprenda mañana. Lo que lograron los Taboada no fue una simple concesión: fue un pasaporte de impunidad que no dudarán en usar una y otra vez.
El peso de la palabra lo tienen ahora quienes usurpan la legítima gestión del campo tlaxcalteca. Mientras esa dinámica persista, someterán a Tlaxcala cuantas veces quieran. Ya lo demostraron ayer.
Su especialidad es la negociación turbia y en la obscuridad. Los funcionarios de la Segob que lo permitieron se arrepentirán durante el tiempo que les reste en el cargo.


