En Tlaxcala, Alfonso Sánchez García puede pintar banquetas, cortar listones y llenar las redes de “gobierno en territorio” hasta el hartazgo. La maquinaria propagandística —heredada y perfeccionada— funciona a todo vapor: mantenimiento de parques, festivales para mamá y frases huecas de “escucho y resuelvo”.
Pero basta con asomarse a una encuesta nacional seria para que se caiga el telón: el alcalde de la capital tlaxcalteca ocupa el lugar 40 en el ranking de aprobación de LaEncuesta.mx, con un miserable 35.9%, metido de lleno en el fango de los peor calificados del país.
Ahí queda exhibido el delfín. En lo local se inventa una realidad de transformación y cercanía; a nivel nacional queda desnudo como uno de los alcaldes más reprobados, codeándose con otros desastres de Morena y de la oposición. Sí, su lugar está junto a los peores panistas.
La desatención a los problemas no distingue colores: Alfonso está entre los peores panistas y morenistas por igual. Cuando la medición es imparcial y amplia, ni el apellido Sánchez Anaya ni el padrinazgo de ex gobernadores salvan la cara.
No importa cuánto le inviertan en spots, bardas, influencers y notas pagadas. La calificación sigue siendo pésima. Hay reportes locales de avenidas convertidas en ríos de aguas negras por un drenaje colapsado, inundaciones que huelen a incompetencia sanitaria y una percepción ciudadana de que las obras brillan más en Facebook que en la realidad.
Mientras el munícipe presume “mucho choro y menos chamba de escritorio”, los tlaxcaltecas lidian con seguridad reprobada, servicios públicos mediocres y una cercanía que parece más foto oportunista que solución real. Encuestas anteriores ya lo colocaban con calificaciones reprobatorias en desempeño, servicios y percepción de seguridad. Ni pintando banquetas sube el número y eso es real.
Sánchez García se perfila como carta fuerte de Morena rumbo a la gubernatura, pero solo porque el aparato está siendo obligado a trabajar fuera de sus horarios si es que quieren mantener la chuleta. No le demos vueltas.
Líder en preferencias internas del partido, sí, porque son a modo. Pero con estos números nacionales, ¿qué carta es? Un comodín de bajo valor. Un político que en su propia capital no convence a seis de cada diez ciudadanos difícilmente podrá convencer a un estado entero. La herencia familiar y el control del aparato morenista le dan oxígeno local, pero el termómetro ciudadano marca fiebre de rechazo.
En Tlaxcala puede seguir montando el circo de la “historia que escribimos juntos”. A nivel nacional, la encuesta lo pone en su lugar: entre los ediles que no dan el ancho. Ni con todo el dinero de la propaganda, ni con todo el esfuerzo por maquillar la realidad. Los números no mienten, aunque sus 20 voceros lo hagan.
Alfonso Sánchez García es el claro ejemplo de cómo un delfín puede sonar fuerte en el estanque chico y terminar expuesto como pez chico en el mar político que representa Tlaxcala.
Las tres de ley… hace unas horas Ariadna Montiel enfatizó que las encuestas darán “mayor peso al saldo positivo” de opinión ciudadana, lo que busca favorecer perfiles conocidos y bien percibidos, minimizando el impacto de desconocimiento o críticas puntuales.
2. No es solo encuesta: Advierte explícitamente que la encuesta “no lo es todo”; se complementa con revisión de autoridades para detectar elementos cuestionables, permitiendo al partido corregir o descartar perfiles antes de decidir.
3. Aplicación al caso Sánchez García: Su bajo posicionamiento (reprobado, lugar 40) demuestra que no es bien visto a nivel nacional, según la propia lógica de Ariadna. Esto abre la puerta a que Morena use los “negativos” y otros filtros para justificar no impulsarlo, pese a posibles fortalezas locales en Tlaxcala. Se lo dije aquí, apúntelo,



