Amicis et sodalibus
La historia, la escriben los vencedores. A decir de los teóricos y estudiosos, el poder se maneja del lado más fuerte; esta fue la encomienda que le dio forma al comienzo del nuevo milenio cuando el veterinario Alfonso Sánchez Anaya, resultaba gobernador electo en los comicios del 98.
La remembranza forma parte de las exequias que obligan a enterrar a nuestros seres queridos y a revivir los momentos amenos que sopesan la perdida. En castellano plano, cuando alguien muere solo le sobrevive lo bueno.
Este caso en particular, sepulta nexos con el crimen organizado, denuncias varias, influyentismo y conflictos de intéres que le restaron poder político al PRD de los 2000, como imponer a su cónyuge como candidata a la gubernatura. Y ese era otro México, donde la Ley en turno no prohibía que familiares del gobernante en turno compitieran por el cargo.
Sin embargo, ¿la ética política sobrevivió? No todos los personajes que forman parte de la historia por conducir trabajos administrativos pasan con excelencia a la posteridad, por ello abrimos con este epígrafe, a los amigos y colegas les queda recordar que hubo una esperanza de un gobierno de izquierda, que no hizo mucho aunque sí modernizó lo que pudo hasta que la ambición personal se interpuso.
Lo anterior que es un resumen brevísimo de lo que atraviesa la mente de las personas en lista para suceder cargos, o convencerse del proceso, deben perder toda legítima noción de haber heredado algo simbólico, porque el mejor legado de Sánchez Anaya, fue velar por sus intereses.
En lo más puro del regimen priísta que comparte lazos con la izquierda, queda esta esencia griega de querer matar al padre, pero a diferencia de los poemas y relatos, la política no tiene finales felices ni protagonistas continuos.
Alfonso Sánchez García, ahora está solo y, mientrás Ana Lilia Rivera se sostiene en su propia burbuja desde 2018, Morena podría atravesar la estrepitosa caída que vivió el PRD en el 2004 al imponer al candidato bajo los efectos del cariño.
Lemony Snicket escribió: Si usted está interesado en las historias con final feliz, sería mejor leer algún otro libro; nada está escrito, pero si no le gusta la política ahora, no se preocupe, a ellos tampoco.


