Guadalupe Taddei Zavala salió de la presidencia del INE pero hay otro Guadalupe que está esperando para ingresar, de apellido Acosta Naranjo; y es que Taddei no se va por un juicio político ni por una emboscada mediática orquestada desde la oposición, sino por el peso de los hechos que, muchos afirman, fueron expuestos por los responsables de la digitalización de la Ciudad de México (Cdmx).
El enemigo fue el propio teléfono de Taddei, o de sus familiares, desde donde salieron videos, contratos millonarios, una red de proveedores y la evidencia de una cercanía que rebasó lo institucional. Y, a diferencia de lo que nunca ocurrió con Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, esta vez sí es posible señalar con nombre y apellido a quien presionó para que la salida se concretara: Claudia Sheinbaum Pardo.
Durante los gobiernos panistas y el peñista, el IFE y después el INE acumularon señalamientos de opacidad, contratos privilegiados y redes de influencia. Hubo escándalos, reportajes y denuncias, pero ninguno de aquellos presidentes movió un dedo para forzar la renuncia de un consejero presidente o presidenta.
Todos preferían el cálculo político: mejor un organismo cuestionado pero controlable que una crisis abierta. Taddei, designada en 2023 con el respaldo de Andrés Manuel López Obrador, terminó atrapada en una red de empresas vinculadas a José Alfredo Hernández Casillas.
La cercanía personal se volvió pública. La respuesta de Sheinbaum no fue el silencio: pidió a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) que informara sobre el caso y dejó claro que “no debe haber sombra de corrupción en el INE”. El mensaje fue inequívoco: la impunidad no es política de Estado.
Tras esto Blanca Yassahara Cruz García asume la presidencia provisional. Originaria de Huajuapan de León, Oaxaca, abogada con maestría en Derecho por la BUAP y más de una década en el Servicio Profesional Electoral del INE, presidió el Instituto Electoral del Estado de Puebla entre 2022 y 2026.
Llegó al Consejo General en abril de este año con el respaldo de Morena, PT y Verde; su trayectoria técnica es sólida, pero no está libre de sombras: durante su gestión en Puebla se adjudicó un contrato de casi 130 millones de pesos a Comercializadora JVLY, empresa vinculada al mismo grupo de Hernández Casillas, y enfrentó acusaciones de oposición por una presunta transferencia de votos que ayudó a Fuerza por México a conservar su registro local.
Con estos antecedentes, ella es la que llega al interinato con la promesa de detener contratos, revisar designaciones y recuperar la colegialidad. Hasta aquí el relato oficial de la depuración. Pero hay otra lectura que pocos quieren poner sobre la mesa: el verdadero juego de fondo es quién se queda con el control del árbitro electoral y ahí entra otro Guadalupe.
Guadalupe Acosta Naranjo, presidente del partido de nueva creación **Somos**, es hoy el actor más beneficiado por estos movimientos. Somos no es un partido más: en sus filas y en su Consejo Consultivo figuran Lorenzo Córdova Vianello, Edmundo Jacobo Molina, Marco Antonio Baños y toda una red de ex altos mandos del INE de la era Córdova-Murayama.
Exdirectores del Registro Federal de Electores, de Administración, de Informática, secretarios particulares, consultores electorales. La estructura técnica que durante años se presentó como “neutral” y “profesional” ahora opera abiertamente desde un partido político. Todos ellos eran los que prostituyeron al IFE (después INE), ese que nunca se tocó, aún cuando el robo era visible y cuestionable también desde las presidencias.
Por eso no es casual que desde distintos frentes se escuche con tanta fuerza el grito de “que se vayan todos los de la 4T”. No es solo indignación por los contratos de Taddei. Es una estrategia clara: si se logra el despido masivo de quienes llegaron con el respaldo de Morena, se abre el camino para que la red sembrada por Lorenzo Córdova y Ciro Murayama recupere el control absoluto del Instituto.
Una red que nunca se fue del todo, que sigue enquistada en puestos de dirección, en el Servicio Profesional Electoral y en la memoria institucional. Una red que ahora tiene partido propio y que, con Acosta Naranjo a la cabeza, se presenta como la “defensora de la autonomía” mientras opera para reconquistar el terreno perdido.
La ironía es brutal. Quienes durante años criticaron al “INE de Lorenzo” por su sesgo, sus gastos millonarios y su desconexión con la realidad, ahora ven en la caída de Taddei la oportunidad perfecta para regresar a ese mismo modelo… pero esta vez con un partido que puede capitalizar electoralmente el descontento.
Guadalupe Acosta Naranjo no necesita que le den la presidencia del INE, le basta con que el organismo quede en manos de “técnicos independientes” que, en realidad, son los mismos de siempre, los indefendibles que Lorenzo Córdova y Ciro Murayama dejaron sembrados.
Este episodio ayuda a entender el alcance real de la Cuarta Transformación. No se trata solo de programas sociales ni de la retórica de “el pueblo manda”; Se trata de una lógica distinta de poder: cuando los hechos se acumulan y la evidencia es pública, ni siquiera los cuadros más cercanos quedan a salvo.
Fox, Calderón y Peña Nieto construyeron un sistema donde las instituciones electorales podían ser cuestionadas, pero rara vez depuradas desde arriba. La 4T, con todos sus defectos y contradicciones, está demostrando que sí está dispuesta a cortar cuando el costo político de no hacerlo se vuelve mayor.
Pero también está demostrando que la batalla por el INE no terminó con la renuncia de Taddei, apenas empieza, porque mientras una Guadalupe cae por sus propias sombras, Guadalupe Acosta —el de Somos, el cuate de Córdova, el de la red que nunca se fue— se prepara para capitalizar el vacío. Guadalupe vs Guadalupe… y el árbitro electoral, otra vez, en el centro del ring. Esto no ha terminado.



