La hora de la verdad: ¿quién será leal a la 4T?

NÉSTOR
NÉSTOR
Comparte esta nota

En política hay una diferencia enorme entre querer ganar y saber pertenecer a un proyecto. Y esa diferencia será precisamente la que habrá de ponerse a prueba en Morena Tlaxcala cuando llegue la hora de conocer quién encabezará la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía rumbo a 2027.

Ana Lilia Rivera Rivera, Alfonso Sánchez García, Raymundo Vázquez Conchas y Carlos Augusto Pérez Hernández llegaron a la recta final con narrativas distintas, trayectorias diferentes y, sobre todo, con una lectura propia de lo que significa representar a la Cuarta Transformación.

Pero hay una pregunta que todavía no responde ninguna encuesta:

¿Qué harán cuando uno gane y los otros tres tengan que decidir entre la disciplina partidista y la ambición personal?

Ahí estará la verdadera encuesta.

ANA LILIA: LA NARRATIVA DE LA MILITANCIA Y LA IDENTIDAD CON EL MOVIMIENTO

Ana Lilia Rivera ha construido su narrativa sobre la pertenencia, la experiencia política y la defensa histórica de las causas que identifica con la izquierda.

Su discurso parte de una premisa clara: no es una recién llegada al movimiento. Su trayectoria política pasó por el PRD antes de incorporarse a Morena y ha buscado presentarse como una mujer con experiencia legislativa, conocimiento del territorio y capacidad para representar políticamente a la Cuarta Transformación.

Su fortaleza narrativa está precisamente ahí: la identidad con el proyecto.

Rivera ha intentado colocar la idea de que la candidatura no debe reducirse a una campaña de popularidad, sino a la capacidad de conducir un proyecto político. Las mediciones publicadas durante agosto han sido contradictorias: algunas la colocan arriba y otras favorecen a Alfonso Sánchez. Una medición de LaEncuesta.MX, por ejemplo, le otorgó 45.7% frente a 38.3% de Sánchez dentro de Morena.

Eso revela algo importante: la disputa no está resuelta por una sola fotografía demoscópica.

Su reto, sin embargo, será demostrar que la narrativa de la militancia también implica capacidad de sumar después de la competencia.

Porque reclamar identidad con la 4T es relativamente sencillo cuando se está ganando.

La verdadera prueba llegará cuando haya un resultado adverso.

ALFONSO: LA NARRATIVA DEL RESULTADO, LA GESTIÓN Y LA CONTINUIDAD

Alfonso Sánchez García ha construido una narrativa diferente.

Su principal argumento no descansa tanto en la antigüedad dentro de la izquierda como en la capacidad de gestión, el posicionamiento territorial y la idea de representar una nueva generación política.

Además, ha buscado diferenciarse señalando que su trayectoria partidista se ha desarrollado dentro de Morena, a diferencia de otros aspirantes que llegaron al movimiento después de militar en otras fuerzas políticas.

Su narrativa, entonces, es la del resultado y la continuidad.

Es también el aspirante que ha aparecido con mayor frecuencia en algunas mediciones. Campaigns & Elections México publicó en julio una medición en la que Sánchez encabezaba las preferencias internas de Morena con 46.3%, mientras Ana Lilia Rivera aparecía con 23.1%.

Pero aquí aparece la misma pregunta que para todos:

¿Qué hará Alfonso Sánchez si las encuestas que hoy lo favorecen dejan de favorecerlo?

Porque la lealtad a un proyecto no se demuestra cuando el proyecto coincide con la aspiración personal.

Se demuestra cuando no coincide.

Su discurso de continuidad tendrá que demostrar que la continuidad no significa necesariamente continuidad de una persona, sino continuidad de un proyecto político.

RAYMUNDO: LA NARRATIVA DEL RECLAMO, LA VIGILANCIA Y LA CONGRUENCIA

Raymundo Vázquez Conchas ha jugado otra carta.

Su narrativa se ha construido alrededor de la crítica a lo que considera prácticas indebidas dentro del proceso interno y de la exigencia de que las reglas sean respetadas.

En ese sentido, su papel ha sido más incómodo.

Mientras los punteros buscan construir una imagen de competitividad, Vázquez Conchas ha intentado colocarse como una especie de vigilante del proceso.

Y eso puede ser políticamente rentable, pero también representa un enorme desafío.

Porque quien denuncia irregularidades tiene una obligación mayor: aceptar las reglas cuando éstas no produzcan el resultado que esperaba.

Si su discurso es el de la legalidad, tendrá que sostenerlo después de la encuesta.

Si exige piso parejo, tendrá que reconocer el resultado si considera que el procedimiento fue limpio.

Y si reclama que nadie debe utilizar estructuras, recursos o posiciones para inclinar la balanza, deberá demostrar que su propia actuación política responde a los mismos estándares.

Ahí se medirá la congruencia.

CARLOS AUGUSTO: LA NARRATIVA DE LA EXPERIENCIA Y LA PACIENCIA POLÍTICA

Carlos Augusto Pérez Hernández ha construido una narrativa distinta: la experiencia, la trayectoria y la reivindicación de un recorrido político de largo plazo.

Su argumento central es que no llegó ayer a la política. Y esa narrativa tiene valor.

Porque en una organización como Morena, que ha incorporado a políticos con historias muy distintas, la antigüedad política puede convertirse en argumento de legitimidad.

Pero también tiene una paradoja.

Tener muchos años en política no necesariamente significa tener derecho a ganar.

La experiencia sirve para conocer las reglas del juego, entender los tiempos políticos y, sobre todo, saber cuándo una batalla debe darse y cuándo una causa superior exige disciplina.

Carlos Augusto tendrá que demostrar que su narrativa de experiencia no se convierte en una narrativa de exigencia personal.

Porque si alguien conoce cómo funcionan los ciclos políticos, debería saber que ninguna candidatura es eterna y que ningún proyecto puede depender exclusivamente de una persona.

CUATRO NARRATIVAS, UNA SOLA PRUEBA

Aquí está el punto central.

Ana Lilia habla de identidad y experiencia.

Alfonso habla de posicionamiento, gestión y continuidad.

Raymundo habla de reglas, vigilancia y congruencia.

Carlos Augusto habla de trayectoria y experiencia política.

Las cuatro narrativas son legítimas.

Pero ninguna de ellas será suficiente por sí misma. Porque Morena no solamente tendrá que elegir quién tiene más posibilidades de ganar una elección. Tendrá que elegir quién puede encabezar un proyecto sin fracturarlo. Y ese será el verdadero examen.

Las dirigencias nacionales pronto revelarán el nombre de quien encabezará la coordinación en Tlaxcala, el partido ha puesto énfasis en la reputación y en la revisión de antecedentes, precisamente para reducir riesgos de fractura interna.

En estos últimos meses no solo vimos guerra de encuestas, también seguimos viendo guerras de narrativas y persuasión para convencer quién es la mejor opción.

Mientras no llegue la revelación del nombre que represente la coordinación seguiremos viendo que cada aspirante intenta convencer de que representa mejor a la 4T, cada grupo seguirá intentando demostrar que tiene mayor estructura, cada equipo seguirá buscando colocar su versión de la realidad.

Pero al final, cuando Morena diga quién encabezará el proyecto, las palabras dejarán de importar y comenzarán los hechos.

Ahí sabremos quién entiende que una candidatura es una oportunidad y no una propiedad.

Quién sabe ganar sin humillar.

Quién sabe perder sin traicionar.

Quién puede apoyar a otro después de haber competido contra él.

Quién pondrá al movimiento por encima del grupo.

Y, sobre todo, quién será capaz de entender que la lealtad a la Cuarta Transformación no se mide cuando te dan la candidatura; se mide cuando no te la dan.

Porque en ese momento desaparecerán las encuestas, los discursos, las fotografías, los equipos y las declaraciones.

Quedará solamente una decisión: “Morena o el proyecto personal”.

Y será entonces, no antes, cuando Tlaxcala conozca realmente quiénes son leales a la 4T.

**La candidatura puede tener un ganador. La verdadera prueba será saber quiénes seguirán siendo parte del proyecto después de conocer al ganador.**