La conversión de Rosalía y el hígado de Prometeo

Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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No dejo de pensar en la relación que existe entre el mito de Prometeo y su reflejo con el cristianismo; he leído “Circe”, la novela de Madeline Miller y resulta una cuidada adaptación de varios mitos griegos; por supuesto fue terminarlo para releer “La Odisea” un libro fundamental para occidente, pero me detengo principalmente y vuelvo a Prometeo, creador y benefactor de la humanidad según la mitología griega, y pienso en primera instancia en su símil con Jesús, aunque enseguida percibo lo mismo con satanás y me pierdo: según la tradición oral, luego plasmada en escrito por historiadores como Apolodoro u Ovidio, Prometeo por indicación de Zeus, modeló a la humanidad con agua y tierra, pero también con alta persuasión, desafió al propio Zeus y robó el fuego para dárselo a la humanidad —el fuego como representación de la ciencia, del conocimiento, del progreso. Zeus, colérico como lo es él, creó a Pandora y a todos los males que vendrían para castigar a la humanidad y luego ató a una piedra en el Cáucaso a Prometeo para castigarle, además todas las noches un águila le comería el hígado (órgano que ya sabían los griegos se regeneraba, así, sería un castigo eterno). No es muy difícil advertir la equivalencia con lo que se puede leer en Genesis, donde Dios hizo al hombre desde el barro y donde Adán tentado baja la manzana del pecado. Y luego viene el castigo de Dios. Y luego muchos años después, nace Jesús para con su pasión, sufrimiento y redención, liberar del pecado original a la humanidad. La divinidad radicada en lo humano de Jesús se muestra en la cruz; aunque semidios, la humanidad de Prometeo se muestra en el castigo y en la liberación. Ambivalencia. Lo dijo perfecto Simone Weil: “el Evangelio es la última y maravillosa expresión del genio griego”.
Rosalía hace poco lanzó su ultimo disco “LUX”, que a mis ojos, mas que una simple compilación musical, resulta ser una conversión espiritual grabada en álbum, como si todas estas canciones fueran su particular camino a Damasco. Además de mi apreciación, ella ha dicho abiertamente en múltiples entrevistas que es un disco inspirado en la santidad de muchas personas admiradas por ella y sobre su particular búsqueda de Dios. Y da gusto su abandono al salvajismo del reguetón para escribir como si estuviera posesa por la mismísima Santa Teresa de Jesús, que antes que santa, fue una escritora primorosa (primero mundo, luego divina). Volviendo a esa ambivalencia humana y divina, uno de los versos más interesantes sale a relucir en la canción “Sexo, violencia y llamas”: Quién pudiera vivir entre los dos mundos / primero amaré al mundo y luego amaré a Dios / quién pudiera vivir entre los dos / primero amaré al mundo y luego amaré a Dios”. Bajo mi poca lucidez, imagino puede ser una letra inspirada en el mismo Prometeo e inclusive en Jesús; claro, a un practicante ferviente le parecerá apóstata o un sacrilegio poner en primer término el amor al mundo antes que a Dios, pero intentaré concluir esta divagación con ello. Es Prometeo la representación del desafío a los dioses por tener libre voluntad y sabiduría a la par de ellos:
no se puede amar a Dios, si antes no se ama su creación (Jesús, su precuela de carne y hueso lo afirma de alguna manera); no se puede perdonar a lo que no se ama (perdónalos, no saben lo que hacen). No existe la felicidad sin la tristeza previa; amor sin desilusión, no hay muerte sin vida y no existe santidad sin humanidad. No hay Dios sin ausencia de él.
Idéntico a la dualidad a la que se refiere Rosalía en su conversión y canción citada, porque esa transfiguración a la divinidad inicia aquí, después del caos soltado por Pandora o por castigo del pecado original. Viviendo.
Ayer hablaba con J., un amigo ateo; me decía que le genera incomodidad saber que existe algo o alguien que domina su vida y que no es él el verdadero dueño de su ser (muy prometeico, como podrán ver). No supe como contradecir una cascada de argumentos sólidos, casi parecía desgranarme el poema de Goethe de odio contra Zeus desde la perspectiva de Prometeo: ¡No conozco nada más pobre bajo el sol que a ustedes, dioses!, y no supe como meterle mano al debate. No existe algo que más le duela al humano que la indiferencia; la indiferencia de los dioses o de Dios (nunca te enteras que soy tu sombra y esa es mi manera de demostrar que te he pensado. Dios es un Stalker).
Pero la duda y el dolor es el motor primordial de la fe. El hígado de Prometeo es el simbolismo perfecto a la fragilidad dolorosa y a la confianza en la restauración cotidiana. Y los historiales de conversión nos muestran eso: vivir, tolerar, seguir; soportar con esperanza el castigo inentendible de los dioses a nuestro hígado. 
Mi amigo como Rosalía es un amante de la dualidad del mundo. Sin quererlo ya está creyendo.