Una vez más, el Centro INAH Tlaxcala se ve envuelto en la controversia porque el más reciente comunicado de José Vicente de la Rosa Herrera no hace más que exhibir su ambigüedad para actuar en defensa del patrimonio histórico que le ha sido encomendado a través del cargo que todavía ostenta.
Mientras este comunicado condena con firmeza el uso indebido de la Plaza de Toros Jorge Aguilar “El Ranchero” por parte de automóviles deportivos de lujo, la memoria colectiva no olvida que, hace apenas meses, el mismo delegado justificó la instalación de un circo en ese mismo recinto histórico durante las celebraciones de los 500 años de Tlaxcala.
¿Entonces se puede o no se puede hacer eso en la plaza? ¿Dónde queda la coherencia institucional?, ¿esa plaza ya es un nuevo salón social del delegado y nadie ha sido informado?, nos preguntamos todos.
La Plaza de Toros, uno de los cosos más antiguos del país, forma parte de la Zona de Monumentos Históricos y del entorno del Conjunto Conventual Franciscano y Catedralicio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La “tacita de plata” no es un simple ruedo para eventos privados o espectáculos itinerantes. Es un bien cultural que representa la memoria e identidad de los tlaxcaltecas y de los mexicanos, sean taurinos o no.
Sin embargo, bajo la gestión de De la Rosa, parece convertirse en un espacio versátil donde todo cabe: carpas circenses ancladas al piso, correcciones de última hora y ahora, al parecer, un “no” tardío cuando los motores rugen frente a las cámaras.
El delegado ha argumentado que la plaza es un “espacio público” y que “Tlaxcala es una fiesta”. Frases bonitas para un discurso de inauguración, pero insuficientes cuando se trata de la conservación de un monumento histórico que mucho trabajo llevó para ser considerado por la UNESCO.
¿Qué dictámenes técnicos previos se hicieron públicos para el circo? ¿Dónde están los informes de impacto estructural? ¿Por qué se corrige la colocación de la infraestructura solo después de las críticas ciudadanas y de organizaciones como el PRD Tlaxcala?. Todas son dudas reales.
La opacidad en estos procesos acaba con la confianza que la sociedad debe depositar en una institución como el INAH, que en los últimos meses ha tomado una postura de porrista electoral más que de delegación institucional.
No se trata de oponerse a la celebración ni a la cultura viva, pero y poco puede obviarse que el delegado funge como organizador de eventos, más que como promotor y guardia de nuestros espacios históricos
Tlaxcala tiene derecho a festejar sus 500 años con alegría y eventos masivos como se hizo. El problema radica en las formas: priorizar el espectáculo inmediato sobre la protección rigurosa del patrimonio es algo que nadie olvidará.
Permitir intervenciones que arriesgan daños irreversibles al adobe, al piso histórico, o a la integridad del inmueble no es “dinamismo cultural”, es irresponsabilidad administrativa permanente.
Y cuando surge un video viral de Ferraris y Lamborghinis haciendo acrobacias en el ruedo, el INAH reacciona con un comunicado de rigor… el mismo rigor que brilló por su ausencia cuando se autorizó el circo.
José Vicente de la Rosa Herrera, quien lleva años al frente del Centro INAH Tlaxcala, enfrenta un cuestionamiento legítimo: ¿está realmente defendiendo los bienes culturales o actuando como facilitador de eventos que responden más a intereses coyunturales y políticos?
Su permanencia al frente de la dependencia se vuelve insostenible si continúa esta línea de permisividad selectiva y justificaciones a posteriori.
Es hora de que el INAH nacional revise con lupa el actuar de su representación en Tlaxcala. Los tlaxcaltecas exigen una institución que proteja de verdad nuestro legado, no que lo preste para la foto del momento.
La conservación del patrimonio no puede ser negociable, ni festiva, según la ocasión. Debe ser prioritaria, estricta y, sobre todo, coherente.



