Poco se reflexiona sobre el tema en los medios de comunicación, pero es cada vez más frecuente que sucesos de inseguridad se transformen en hechos incontrolables de violencia por parte de turbas de gente que solamente piden una cosa: justicia.
Lo sucedido recientemente en Taxco, Guerrero, es el ejemplo más palpable. En esa comunidad una niña de ocho años de edad fue asesinada por estrangulamiento, y resultado de ese asesinato tres personas fueron linchadas.
Dos de esas tres se reportan estables después de la golpiza recibida pobladores, pero una mujer murió cuando era trasladada a las instalaciones de la Fiscalía General de Justicia de aquella entidad federativa.
¿Cuántos hechos como los de Taxco no se han repetido en el resto del país?, ¿recuerdan lo sucedido en Tizatlán hace una semana?, ¿cuál es la diferencia entre una y otra imagen?.
Precisamente por hechos delictivos que ya son comunes en esa comunidad del municipio de Tlaxcala, pobladores cerraron la carretera federal El Molinito-Texmelucan por varias horas, y le prendieron fuego al automóvil en el que viajaba un presunto secuestrador quien se salvó de ser linchado, al parecer después de intentar privar de su libertad a una menor que pidió la ayuda a sus familiares, quienes apoyados por vecinos retuvieron al presunto infractor.
El sujeto pretendió darse a la fuga, lo que provocó la molestia de los habitantes de Tizatlán. Y como ninguna autoridad les hacía caso, decidieron atravesar la unidad retenida sobre la autopista y prenderle fuego al vehículo como medida de presión.
El hampón, finalmente, fue rescatado por las autoridades de seguridad y trasladado a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE). Más tarde se supo que no se trataba de cualquier persona, tenía vínculos con grupos de seguridad institucional, lo que hace más delicado el caso.
Otros presuntos delincuentes no han tenido la misma suerte en otras comunidades tlaxcaltecas y han sido asesinados por las turbas de pobladores, inconformes por los hechos de inseguridad.
Lo cierto es que por más discursos oficiales en el sentido de que Tlaxcala es, desde hace varios meses, la entidad federativa más segura del país, no empata con la realidad que perciben quienes habitan este estado.
Y si no pregúntenselo a los propios habitantes de Tizatlán, cuya comunidad, al caer la noche, es evitada por repartidores de comida, taxistas o plataformas de transporte, que se niegan a brindarles servicio debido a los diferentes delitos que enfrentan, tales como robos a mano armada, secuestros y homicidios.
La ahora diputada con licencia Diana Torrejón Rodríguez, fue víctima del robo de su camioneta en esa comunidad.
Huamantla anda por las mismas. Ahí la alcaldesa interina Luz María Calva Pimentel está más preocupada en que el equipo administrativo del ayuntamiento haga campaña abierta a favor de Salvador Santos Cedillo, mientras los habitantes se quejan de falta de agua, alumbrado, servicios municipales, recolección de basura y, obviamente, seguridad.
Hace un par de semanas una manifestación ciudadana se llevó a cabo en esa ciudad por el secuestro y asesinato de un empresario, hecho por el que no han testificado personas involucradas, como el hermano del propio Salvador Santos Cedillo.
Si la desesperación ciudadana sigue conjugándose con la parálisis que parece haber en las autoridades de seguridad y de justicia, las cuales se apaciguan con sus propios discursos, veremos pronto hechos como los sucedidos en Taxco, Guerrero: linchamientos que terminan en la muerte de presuntos delincuentes.
Las autoridades municipales están por concluir su periodo, pero no aquellas del gobierno estatal. Estas últimas, por eso, deben incrementar su exigencia de cero tolerancia a hechos delictivos y no dejar de apretar para que las policías municipales estén capacitadas para realizar con honestidad y efectividad su trabajo.
En Tlaxcala nos estamos acostumbrando a escuchar detonaciones, a ver “en vivos” hablando de encobijados, difuntos con “tiros de gracia” y muertes violentas, pero a nadie le importa ni le importará hasta que esos muertos sean candidatos, así como sucedió ayer en Guanajuato donde la abanderada morenista fue baleada en plena caminata. Perdió la vida 48 horas después de iniciada la campaña en la tierra gobernada por el PAN.
Por eso hay que decirlo fuerte y claro, a estas alturas los discursos sólo deben provenir de quienes detentan las candidaturas, no de las autoridades. La ciudadanía, por lo que ya se ve claramente, está harta de poses discursivas. Y tienen razón. La “sangre azul” que presumen los políticos solo existe en su cabeza, al final la sabana con la que cubren los cuerpos se tiñe de rojo sin importar cargos o color de piel, ahí están fotos y videos para corroborar lo que digo.
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