Durante 2023, la Secretaría de Educación Pública del Estado reconoció que hubo 147 robos a diferentes planteles escolares. Esto significa que cada dos días y medio, los amantes de lo ajeno hacían de las suyas saqueando algún plantel educativo. Una verdadera plaga que ninguna autoridad ha podido frenar.
Entre la omisión de las autoridades municipales, las limitaciones que sigue mostrando el muy cacareado C5i, más interesado en perseguir a raterillos que en ponerle un freno a la delincuencia de arma larga o a los ladrones que dañan el patrimonio del estado, lo cierto es que un manto de preocupación se cierne sobre el sistema educativo de Tlaxcala.
El rosario de robos durante 2023 y 2024 están agudizando una profunda crisis en la comunidad educativa, pero sobre todo en la sociedad tlaxcalteca, evidenciando una preocupante vulnerabilidad en la seguridad de los centros de enseñanza. Las cifras son alarmantes.
Como ya referí, la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE) reconoció 147 robos en 2023, aunque solo 16 fueron denunciados ante la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), reconvertida ahora en una Fiscalía en la que no se pudo cobrar la primera quincena por graves omisiones administrativas ante el SAT, como ya di cuenta en este mismo espacio.
Esta discrepancia entre los casos reportados y las denuncias formales plantea interrogantes sobre la efectividad de los mecanismos de protección y la confianza en las autoridades.
Los delincuentes no discriminan. Desde bocinas y computadoras hasta material didáctico y equipo de cómputo, todo parece ser un botín atractivo para los ladrones. Las escuelas se han convertido en blanco fácil para la delincuencia, dejando a su paso aulas vacías y sueños truncados.
La situación se agrava aún más por la falta de actualización de inventarios en muchas escuelas, lo que dificulta la identificación y recuperación de los objetos robados.
A pesar de los esfuerzos de la SEPE por fomentar la creación de inventarios y facilitar las denuncias, la realidad es que muchas instituciones educativas siguen rezagadas en este aspecto, perpetuando un ciclo de impunidad.
Mientras tanto, el titular de la dependencia sigue suspirando porque el dedo de la sucesión se pose sobre él o, ya de perdida, que se le permita ser una luminaria en el segundo piso de la 4T. Por eso cree que hace falta meterle candela marxista a los libros de textos. Como si fuera un buen ejemplo de lucha de clases.
Es hora de tomar medidas contundentes. La seguridad de nuestras escuelas no puede seguir siendo un asunto secundario. Es necesario fortalecer los mecanismos de vigilancia, mejorar la coordinación entre las autoridades educativas y las fuerzas de seguridad, y promover una cultura de denuncia que permita combatir este flagelo.
La educación es el pilar fundamental de nuestra sociedad. No podemos permitir que la delincuencia robe el futuro de nuestros niños y jóvenes. Es momento de unir esfuerzos y proteger nuestras escuelas, para que sigan siendo espacios seguros donde el conocimiento florezca y los sueños se hagan realidad.
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