Don Cupertino no era un delincuente, era un ciudadano que hizo lo que cualquier persona con un teléfono en la mano haría: fotografiar y grabar una patrulla municipal volcada en Temetzontla, cerca de Las Antenas. Ese simple acto le costó una golpiza, la detención arbitraria, el robo de su celular, el borrado de las evidencias y un intento de extorsión de 3 mil 500 pesos.
Hoy está en cama, dolorido, cuidado por sus padres, ambos adultos mayores, y mientras el aparato de poder de Panotla sigue intacto. Los elementos de la Policía Municipal no actuaron como guardianes del orden, todos ellos se comportaron como una banda con chaleco y placa.
Usaron fuerza excesiva, lo bajaron de la unidad, lo golpearon, le quitaron el celular, le exigieron la contraseña, borraron las fotos y videos del accidente y desaparecieron el aparato. Después, a la familia le pidieron dinero a cambio de la libertad, argumentando “agresiones verbales”.
Cuando les exigieron un recibo, se negaron, y aunque después lo liberaron sin pagar el mensaje quedó claro: en Panotla, documentar la torpeza o la posible embriaguez de los uniformados se paga con sangre y con silencio.
¿Y el presidente municipal Idelfonso Carro Roldán? Silencio absoluto. El maestro de profesión que presume de haber aumentado el número de policías, de haber inaugurado un C2 y de reducir la incidencia delictiva, no ha dicho una sola palabra de condena. No ha ordenado una investigación interna seria.
No ha separado del cargo a los responsables y con eso ha permitido que sus uniformados actúen como salvajes y por si fuera poco les ha entregado el premio mayor: la impunidad. Esa es la verdadera señal que envía a los panotlenses: graben lo que quieran, pero sepan que el poder los aplastará y después mirará hacia otro lado.
Lo que le cuento no es un caso aislado, apenas en el 2022, tres policías de Panotla fueron denunciados ante la Fiscalía General de la República por intentar extorsionar a un operador de tráiler frente a la Zona Militar: “infracción o 1,800 pesos”. La CEDH ya había emitido una recomendación en 2023 por una detención arbitraria de 2019.
Ahora, apenas días antes del caso Cupertino, se registraron tensiones por cobros irregulares de hasta 2,600 pesos sin comprobante. El patrón es el mismo: abuso, mordida, desaparición de evidencia y protección desde arriba.
Y aquí es donde el cobre se muestra completo porque la Fiscalía General del Estado la encabeza Ernestina Carro Roldán, hermana del alcalde no ha dado luz, ¿Alguien puede creer de buena fe que habrá una investigación imparcial cuando los policías golpeadores son empleados del hermano de la fiscal? El parentesco no es un detalle menor: es el mecanismo que convierte la impunidad en sistema.
Lo peor de todo es que mientras la ciudadanía exige justicia, el aparato familiar y político se protege a sí mismo. La secretaría del Ayuntamiento, la síndico, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH)… todos guardan un silencio cómplice o, en el mejor de los casos, una prudencia que huele a cálculo.
Lo que ocurrió con don Cupertino no es solo un exceso policial, es apenas la exhibición pública de un modelo de gobierno: policía prepotente, alcalde permisivo, fiscalía familiar y un pueblo al que se le dice, con hechos, que mejor no mire, mejor no grabe, mejor no denuncie. La autosensura es el verdadero objetivo. Porque si un ciudadano puede documentar una patrulla volcada y salir ileso, mañana podría documentar algo peor.
Panotla no está esperando más patrullas, o más discursos de “cero tolerancia”, todavía cree en sus autoridades y por eso les exige respuesta ante las exigencias de cero impunidad contra estos policías… aunque para eso se necesita un líder desde la presidencia que ponga el ejemplo y además un peso de autoridad moral.
Los habitantes de Panotla gritan y exigen que el Idelfonso Carro deje de proteger a sus uniformados y empiece a proteger a sus ciudadanos; necesita que la Fiscalía demuestre que no hay intocables por apellido… necesita que la CEDH, el Cabildo y la sociedad civil dejen de mirar hacia otro lado.
Don Cupertino sigue en cama, sus vecinos ya exigieron justicia, pero el resto del aparato sigue intacto, exhibido por su propia negligencia y por la impunidad que cultiva. El cobre está a la vista, ahora falta ver quién tiene el valor de limpiarlo… o de seguir fingiendo que no existe toda la suciedad en la que se revuelcan los miembros de la policía y el dueño de esa presidencia municipal, ese es Idelfonso Carro Roldán.


