La sesión extraordinaria del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones dejó una decisión que pocos entenderán como imparcial. Mientras las bardas de Tlaxcala narraban una realidad asimétrica —cien menciones para Alfonso Sánchez García por cada dos de Ana Lilia Rivera Rivera o de Óscar Flores Jiménez—, el Consejo General del ITE, encabezado por Emmanuel Ávila González, encontró un camino técnico para no ver lo evidente.
Los hechos son claros. Los denunciantes, ciudadanos y el PRD Tlaxcala, presentaron pruebas de pintas en bardas. En el caso del alcalde capitalino su nombre aparecía de manera explícita.
Para la senadora, la leyenda “Es ella” resultaba ambigua. Los proyectos originales reconocían esta diferencia: proponían liberar a Rivera pero aplicar medidas cautelares contra Sánchez, incluyendo el retiro de propaganda. Hasta ahí, un criterio razonable.
Pero vino la discusión y con ella el presidente del ITE, Emmanuel Ávila, argumentó que no existían pruebas suficientes para atribuir la autoría de las pintas. Y aunque el instituto ni siquiera logró acreditar que la ciudadanía fuera responsable de esos mensajes, Ávila impulsó una solución intermedia: que el edil solo se deslindara públicamente, como ya lo ha hecho, sin retirar ni una sola de esas bardas que todos los tlaxcaltecas ven a diario.
La votación reflejó la fractura interna: tres consejeros en contra de esa propuesta, tres a favor. Fue entonces cuando Emmanuel Ávila, con su voto de calidad, inclinó la balanza para rechazar los proyectos originales.
Con ese gesto, las medidas cautelares solicitadas contra ambos actores políticos y su partido quedaron sin efecto. Ninguno de ellos está obligado a retirar la propaganda. Solo a pronunciar un deslinde que nadie escuchará.
¿Qué explica esta decisión? La respuesta parece incómoda pero necesaria. Al incluir a Rivera y Flores en el mismo paquete exculpatorio —pese a que la evidencia en su contra era marginal—, Ávila logró un efecto político perverso: blindar al verdadero beneficiario del sistema de pintas, Alfonso Sánchez García.
Porque si solo él hubiera quedado señalado, la desigualdad probatoria habría sido escandalosa. Pero al presentar el caso como “falta de pruebas para todos”, el presidente del ITE construyó un manto de equidistancia ficticia. ¿Lorenzo Cordova se apoderó del ITE o por qué no se nota imparcialidad?
Los tlaxcaltecas saben que el dinero y el poder no están repartidos por igual en esas bardas. Saben que por cada par de leyendas de Ana Lilia Rivera o de Óscar Flores, hay cientos de Alfonso Sánchez García.
Y también saben que esa desproporción no era un error, sino una estrategia: incluir apenas a los otros para que, al momento de las denuncias, todos fueran señalados por igual y nadie pudiera ser castigado con rigor. Aquí mismo denunciamos que los pintores agarrados en la movida lo dijeron muy claro: “a nosotros nos pidieron pintar así”.
Emmanuel Ávila González, con su voto de calidad, no solo rechazó un proyecto. Validó una lógica donde la ausencia de pruebas de autoría —imposible de acreditar en pintas callejeras— se convierte en un comodín para no actuar. Y mientras tanto, las bardas siguen ahí, intactas, narrando una historia de poder que el ITE decidió no leer.
Las tres de ley… 1- La bola cantada que era la salida de Luisa María Alcalde de MORENA es un duro golpe al ego y al equipo de Andrés Manuel López Obrador. Ahora se abre un proceso interno para su relevo, lo que podría anticipar movimientos rumbo a 2027, de entrada para saber si la nueva dirigencia será más operativa o más política, afectando la correlación de fuerzas entre las corrientes internas.
2-El fortalecimiento del control presidencial sobre el partido: Alcalde ha sido una operadora leal de Claudia Sheinbaum desde la campaña. Su eventual paso al gabinete consolida el ala jurídico-administrativa del gobierno con una figura política de alto peso, pero también implica que la presidenta podría designar directamente a su sucesor o sucesora al frente de Morena, centralizando aún más la toma de decisiones y diluyendo espacios de autonomía partidista.
3- Algunos podrán ver esto como un mensaje de unidad y disciplina frente a la oposición: La forma en que se ha manejado la transición busca proyectar estabilidad y cohesión en Morena, justo cuando la oposición intenta instalar narrativas de fractura. Según este redactor, la oposición ganó en esta ocasión.


