En un país donde la política y el crimen organizado a veces parecen entrelazarse en una danza macabra, Tlaxcala no es la excepción. La reciente destitución de Jacinto González Varona como dirigente estatal de Morena en Guerrero ha encendido las alarmas sobre los liderazgos cuestionables que persisten en el partido más poderoso de México.
Acusado de violar los principios de austeridad del movimiento, González Varona fue señalado por vivir con lujos, usar una camioneta blindada y no rendir cuentas sobre los recursos del partido. Este caso, lejos de ser un incidente aislado, pone en el reflector a otras entidades, como Tlaxcala, donde el poder parece estar condicionado por figuras y redes que operan desde las sombras.
En Tlaxcala, las señales son inquietantes. Diversos reportes periodísticos han apuntado a la presencia de “padrinos” provenientes de Jalisco y Sinaloa, estados que son cuna de los principales grupos criminales del país.
Según estos informes, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa (CDS) han extendido sus tentáculos hasta esta pequeña entidad, controlando sectores clave del narcotráfico: desde la producción hasta la distribución y venta de estupefacientes, con mercados que trascienden México hacia Estados Unidos y más allá.
La Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) lo confirma en su Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025. El CJNG, con una “alta presencia” en Tlaxcala y Puebla, se ha consolidado como un actor dominante en la fabricación y tráfico de fentanilo, metanfetaminas y cocaína.
Pero su influencia no se detiene ahí: el cártel también estaría involucrado en el robo de combustible, extorsión, lavado de dinero a través de esquemas inmobiliarios y hasta fraudes en el sector del tiempo compartido.
Por su parte, el CDS, aunque con una presencia más limitada, opera redes transnacionales para adquirir precursores químicos y producir drogas sintéticas, además de estar vinculado a actividades como el tráfico de personas, armas y recursos naturales, según la DEA.
El caso de Morena en Guerrero es un recordatorio de que los liderazgos políticos no siempre están exentos de sospechas. La destitución de González Varona, acusado de estar ligado al grupo político de la gobernadora Evelyn Salgado y su padre, el senador Félix Salgado Macedonio, evidencia las tensiones internas en un partido que pregona austeridad y honestidad.
En Tlaxcala, donde el poder político y económico parece estar bajo la sombra de influencias externas, cabe preguntarse: ¿quiénes son los verdaderos “padrinos” que mueven los hilos? ¿Y qué tan permeadas están las estructuras locales por estas redes?
La DEA advierte que el CDS no solo trafica drogas, sino que recurre a la violencia extrema —asesinatos, torturas, secuestros— para intimidar a civiles, funcionarios y periodistas. En un estado como Tlaxcala, con una economía modesta pero estratégica por su ubicación, la infiltración de estos grupos plantea un riesgo mayúsculo.
La pregunta no es solo si Tlaxcala seguirá el ejemplo de Guerrero y confrontará a sus liderazgos cuestionables, sino si las autoridades locales tendrán la capacidad de enfrentar a los poderes fácticos que operan tras bambalinas.
Mientras Morena en Guerrero dio un paso al destituir a su dirigente, Tlaxcala permanece en una encrucijada. La presencia de cárteles no es solo un problema de seguridad, sino un desafío para la integridad de las instituciones.
¿Será Tlaxcala la próxima entidad en alzar la voz contra los liderazgos que, en el mejor de los casos, son opacos, y en el peor, cómplices? El tiempo lo dirá, pero una cosa es clara: en la política y en las calles, el poder detrás del poder sigue marcando el rumbo
Las tres de ley… 1- Ayer mi colega y amigo David Rodríguez del portal Contrapoder nos compartió que Alejandro Aguilar López admitió tener interés en contender por la gubernatura de Tlaxcala en el 2027. “reconoció que hay muchos factores que valorar de cara a la sucesión, por lo que esperará los tiempos oficiales para definir si encabeza alguna candidatura”.
2- El huamantleco que ha ganado seis elecciones constitucionales (tres para diputado federal, dos para alcalde de Huamantla y una para diputado local), dijo que Tlaxcala necesita una planeación estratégica a largo plazo para explotar la vocación de cada municipio, comunidad y distrito del estado. Nos recordó en su texto el ex vocero del congreso de Tlaxcala.
3- “De mi parte sí hay interés, he dedicado gran parte de mi vida a la administración pública, a servir a los tlaxcaltecas, desde el orden federal, estatal municipal…esto hace que tenga conocimiento amplio de mi estado, sé cómo se debe gestionar, el camino para ayudar a mucha gente a superar marginación y pobreza y estimular ese recurso que llega a Tlaxcala, más de 33 mil millones de pesos que debe ser derrama económica que impacte a las empresas tlaxcaltecas”, sentenció el petista, dejando claro su interés y legitima aspiración.

