EL PLAN DE ACCION DE LA COORDINADORA RUMBO A 2027.

OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
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En Tlaxcala el contexto político atraviesa por un punto de inflexión. Tras la celebración del Consejo Nacional de Morena el pasado 10 de octubre de 2026 donde se aprobaron acuerdos relacionados con el plan de acción partidista y la organización territorial de sus coordinaciones estatales.

Definida ya a la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera como Coordinadora Estatal de la Defensa de la Transformación. Dicha asignación que no llegó en terreno llano, sino en medio de una intensa disputa de grupos locales marcada por la rispidez del proceso interno y las ambiciones territoriales hacia las elecciones de 2027 y frente a las voces que apuestan a la ruptura, al boicot y al revanchismo tras el inconforme paso de perfiles allegados al grupo de la gobernadora Lorena Cuéllar y el alcalde Alfonso Sánchez García, la nueva coordinadora se enfrenta al mandato directo de institucionalizar al partido en la entidad. No es una tarea fácil, pero es donde el trabajo fino, la paciencia estratégica y la diplomacia política cobrarán un valor definitivo.

Plan de Acción hacia diciembre.

Para conducir este barco a buen puerto, Ana Lilia Rivera no improvisará. Las directrices nacionales le marcan una hoja de ruta estructurada en varios ejes fundamentales que definirán su capacidad real de mando.

Realizar asambleas informativas con la población: Difundir los planteamientos de la Cuarta Transformación y fortalecer la organización territorial del movimiento.

Consolidar y ampliar las estructuras partidistas: La urgencia de constituir los Comités Seccionales de Defensa de la Transformación sin sectarismos, recorriendo municipio por municipio para reconciliar a las bases históricas con los simpatizantes de las diversas corrientes.

Operación de Cicatrización e Inclusión: El reto mayúsculo de entablar un diálogo franco con quienes contendieron en el proceso interno, garantizando un proyecto amplio que sume a la estructura estatal sin desdibujar la identidad del movimiento.

Reconfiguración de Alianzas Locales: Establecer una mesa de negociación sólida pero institucional con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, equilibrando las aspiraciones del aliado petista con la condición hegemónica de Morena.

El Respaldo de la Dirigencia Nacional y el Oficio Político.

La Coordinadora Estatal no está sola en esta travesía. Contará con el respaldo institucional incondicional del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, que reconoce en su trayectoria la garantía de un proyecto leal al obradorismo fundacional. Este aval desde la capital del país le otorga el peso político necesario para frenar tentaciones de veto o presiones locales indebidas.

Más allá del respaldo cupular, la verdadera fuerza de la coordinadora reside en su temple y madurez política. Ana Lilia ha demostrado a lo largo de su carrera legislativa e institucional que sabe tejer acuerdos en contextos adversos. Su capacidad para tender puentes con serenidad, sin revanchismos ni desplantes de arrogancia, se traducirá sin duda en participación, reglas claras y trabajo compartido.

Pero hay algo que no debe perderse de vista: incluir no significa entregar el partido a las presiones de los grupos, así como ejercer una coordinación tampoco significa excluir a quienes piensan diferente. La clave está en establecer reglas que valgan para todos, sin privilegios ni castigos políticos.

Quienes participaron en la contienda interna también tendrán que decidir qué quieren hacer después de la definición. Pueden mantener sus diferencias y exigir que se respeten las reglas, o pueden convertir el desacuerdo en una disputa permanente que termine debilitando a la organización. La crítica y la inconformidad son legítimas; el problema aparece cuando el interés de un grupo se coloca por encima de cualquier proyecto colectivo.

Rumbo a 2027: De la Tensión a la Unidad

El trabajo que ya encabeza Ana Lilia Rivera conducirá las aguas turbias del proceso interno hacia una corriente de unidad operativa indispensable. Tlaxcala no se encamina hacia una fractura inevitable, sino hacia la consolidación de un liderazgo que sabrá procesar las diferencias, amalgamar los grupos y entregar cuentas claras en las urnas en 2027.