¿Me explicas qué de bueno tiene Val´quirico? 

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Vivimos en tiempos instagrameables. La sociedad en su generalidad apuesta por la fácil belleza, la apariencia y la postura. Somos la calidad de lo que se puede postear; somos cazadores de fotografías y tras ellas esperamos recibir muchos ‘me encanta’ o ‘me gusta’ (de menos). Muchos y que nos definan como personas y nos den calidad probada. Apostamos por una vida de apariencia pulida a base publicaciones en nuestras redes sociales, mostrando la máscara que queremos enseñar y cubriendo nuestras carencias (no dejamos espacio a mostrar la mínima fisura de nuestra vida ideal). Y me incluyo como el primero. Admiro a esa gente que pasa de lo instagrameable, de la postura y se limita a tener una vida discreta en redes sociales. Quiero ser uno de ellos. Propósito de año nuevo.

No había tenido la oportunidad de conocer Val’quirico. La joya del turismo tlaxcalteca. Al pisarlo entendí que la simulación mostrada en redes evolucionaba: ya no solamente habita en los teléfonos, sino que también, ahora, permea a la vida real. ¿Qué hace una hermosa simulación de un pueblo toscano al lado de Cacaxtla? El lugar es escultural, perfectamente diseñado y muy instagrameable, claro… pero todo, se siente impostado, falso, montado, como si fuera un pueblo de Six Flags, un set de película o una atracción al nivel de lo que pensamos en la actualidad. Todos toman fotografías (para Instagram), comen helados y pasean pensando toscanamente.

No me molesta Val´quirico. Me molesta la imposición cultural. Lo poco que queremos y presumimos a nuestros pueblos originarios. El consumismo. El desmedido capitalismo. El eurocentrismo. La supremacía gringa en nuestro pensamiento. La urgencia por ocultar a todo a lo que huele a México. Me molesta lo impostado, lo falso y el postureo. Afirmo que todo lo anterior puede caber en una misma persona (sin ser malo) pero lo que resulta decadente, es no saber dónde estamos parados ni paladear mínimamente nuestra gran historia y cultura.

Concluí: debo optar por lo certero y lo real, aunque no tenga la perfección estética que dicta las normas instagrameables. Presumiré lo que tiene siglos allí. Pueblos, construcciones, ideas y personas. Instagramear menos y vivir más. Y sobre todo, no caeré en el eslogan barato o hashtag diciéndole a mis amigos extranjeros: ‘Tlaxcala sí existe, ven a Val´quirico’.