La crisis de desabasto de medicamentos en el IMSS-Bienestar, denunciada a nivel nacional, no puede ser minimizada como un simple problema logístico o de proveedores. Cuando se revisan los antecedentes de quien hoy coordina las unidades de primer nivel en todo el país, Gabriel Gutiérrez Morales, el panorama se vuelve más claro y preocupante.
No se trata de especulación: es la continuidad de una gestión marcada por la improvisación, la falta de análisis y resultados deficientes que ya se vivieron en Tlaxcala, pero que hoy impacta en todo el país.
Gutiérrez Morales llegó a la transición del sistema de salud en Tlaxcala como director de Operación, Vinculación y Transición de los Servicios de Salud a IMSS-Bienestar, nombrado por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros en octubre de 2022.
Después se consolidó como coordinador estatal del organismo, antes de eso dirigió el Hospital Infantil de Tlaxcala (HIT). En ambos cargos dejó huella: en el HIT enfrentó cuestionamientos por abasto de alimentos; en la transición al IMSS-Bienestar, la operación se caracterizó por la ausencia de una estrategia sólida.
Uno de los episodios más reveladores ocurrió con las aproximadamente 900 plazas que el gobierno estatal entregó supuestamente para fortalecer el IMSS-Bienestar. De acuerdo con las versiones que circulan en el ámbito local, muchas de esas plazas correspondían en realidad al IMSS ordinario, todo porque nadie hizo un análisis minucioso de la entrega de estas plazas.
El resultado fue previsible: llegaron comisionados y hasta hoy permanecen en esa condición. ¿Por qué no se mudan de manera definitiva al esquema Bienestar? Porque las bases del IMSS tradicional ofrecen mejores condiciones laborales y de seguridad que las del nuevo modelo.
El beneficiario directo de ese error no fue el sistema de salud pública, sino el líder sindical del IMSS en Tlaxcala, Carlos Rodríguez Trejo, secretario general de la Sección XXX del SNTSS, quien vio incrementada su base de cotizantes y, con ella, el flujo de cuotas sindicales. Una falla de diseño que terminó reforzando estructuras ajenas al programa que se pretendía consolidar.
Medios y activistas han documentado de manera reiterada las consecuencias; muchos han señalado crisis recurrentes en hospitales y centros de salud del IMSS-Bienestar: estantes vacíos, raciones alimenticias indignas, falta de insumos básicos, tomógrafos fuera de servicio y personal que trabaja en condiciones precarias.
El nombre de Gabriel Gutiérrez Morales aparece con frecuencia como el responsable operativo que no da la cara ni resuelve, mientras la narrativa oficial celebraba “primer lugar nacional en credencialización” y promesas de atención universal, la realidad en los pasillos de hospitales de Calpulalpan, San Pablo del Monte, Tzompantepec y centros de salud comunitarios era otra: desabasto crónico y abandono institucional.
Hoy ese mismo perfil que afectó a Tlaxcala ahora ocupa un cargo federal de alta responsabilidad: coordinador nacional de unidades de primer nivel del IMSS-Bienestar. El desabasto que se reporta en las 32 entidades no es una sorpresa, es apenas la proyección a escala nacional de los mismos errores de planeación, de la misma incapacidad para articular una cadena de suministro eficiente y de la misma distancia entre el discurso y los resultados.
El gobierno federal tiene en jaque su principal promesa de salud precisamente porque colocó en una posición estratégica a alguien cuyo historial en Tlaxcala ya anticipaba lo que vendría. No se trata de negación ni de teoría conspirativa, se trata de antecedentes verificables.
Una transición mal diseñada en Tlaxcala, plazas mal asignadas que beneficiaron a estructuras sindicales del IMSS ordinario, críticas constantes en medios locales por falta de resultados y, ahora, un desabasto nacional que afecta a millones de personas sin seguridad social. Cuando el responsable de las unidades de primer nivel arrastra ese historial, la duda sobre el desabasto desaparece.
Lo que queda es la evidencia de que la improvisación y la ausencia de análisis técnico tienen consecuencias humanas concretas: pacientes sin medicamentos, personal agotado y un sistema que prometió mucho y sigue entregando poco. La salud pública ya no tolera más ensayos… los antecedentes de Gabriel Gutiérrez Morales en Tlaxcala no son un detalle menor, son una advertencia que el gobierno federal decidió ignorar y las consecuencias están a la luz.

