En las últimas semanas el PAN y sus voceros empresariales se han desgarrado las vestiduras, con el cuento chino de la sobrerrepresentación que tendrían Morena, el PT y el Partido Verde en la siguiente legislatura federal.
Hay que recordar que la sobrerrepresentación ocurre cuando un partido político o coalición obtiene más escaños en los cuerpos legislativos de lo que su porcentaje de votos justificaría.
En otras palabras, si un partido recibe un cierto porcentaje de votos, pero su número de diputados supera ese porcentaje, se considera sobrerrepresentación. Para algunos se trata de un fraude a la Constitución. Para otros ha sido una forma de control político.
Luego de que el INE diera a conocer el miércoles su proyecto de asignación de diputados federales y de senadores por la vía de representación proporcional, la gente de la lana amafiada en el Consejo Coordinador Empresarial y en la Coparmex pusieron el grito en el cielo por la cantidad de legisladores que tendrán los tres partidos de la 4T.
Aprovechando todos los foros, noticieros y mesas de opinión de cuarta, gente como el reculón de Gibrán Ramírez o la impresentable Kenia López, que suspira por la presidencia nacional de los blanquiazules, clama que se está tramando un atentado contra la voluntad del pueblo.
Los panistas son los más bravos, porque sus diez millones de votos nomás les van a alcanzar para 72 diputados, aunque ellos piensan que les debería tocar 108. Tratan de ganar en los medios lo que no pudieron conseguir en las urnas, luego de la paliza recargada del 2 de junio.
Al coro se ha unido gente como el presidente de la Coparmex, José Medina Mora Icaza, quien ya siente muy adentro el apocalipsis moreno. Para este personaje de plano “la democracia en México está en riesgo”. Pero ni modo. El pueblo habló claro y fuerte.
Ahora bien, desde 2008, la ley electoral en México permite que las coaliciones de partidos sobrepasen el límite de diputados establecido por la Constitución. En sexenios anteriores, también se había dado sobrerrepresentación, aunque en este año el margen es especialmente amplio.
La oposición (principalmente PAN y PRI) han arremetido contra esta práctica… hasta ahorita, aunque en otros procesos electorales se han visto beneficiados por esta manera de repartir curules y escaños, sobre todo el PRI. Pero como ahora no les va a ir nada bien, alegan que es ilegal y que Morena y sus aliados exceden el límite constitucional. Morena, por su parte, considera que los argumentos de la oposición son políticos y no jurídicos, y que intentan resolver en los tribunales lo que no lograron en las urnas.
Sin embargo, todo hay que decirlo, porque en 2015, el entonces perredista Pablo Gómez (hoy en la Unidad de Inteligencia Financiera, la temible UIF) le exigió al INE frenar la sobrerrepresentación de la coalición PRI-PVEM, bajo la premisa de que era un engaño.
Los “diputados sandía”, llamados así porque eran verdes por fuera, pero rojos por dentro, le permitieron al Verde tener más diputados que los que merecía… misma historia que ahora se tiene. Pero en aquella ocasión nadie de la Coparmex o la señora López clamaron que la democracia en México estaba en peligro.
Con esos diputados de sobrerrepresentación que recibieron el PRI y el Verde se siguieron sacando las reformas tóxicas del Pacto por México. Horacio Duarte, entonces representante de Morena, los llamó “delincuentes de cuello verde” y acusó a ambos partidos de crear un “modelo de defraudación electoral”. Ahora, por supuesto, es una expresión de la democracia.
Lo cierto es que las reglas del juego estaban muy claras desde que se firmaron los convenios de coalición. Las dos que participaron el 2 de junio recurrieron a las mismas prácticas, de postular a candidatos que no eran del partido de afiliación.
Ahora que no venga a llorar la señora López. Otro tanto debería de hacer Gibrán. ¿Con qué cara alega sobrerrepresentación de Morena, si Movimiento Ciudadano —a donde reculó— solo ganó un distrito, pero va a tener 20 diputados pluris? ¿Eso no es sobrerrepresentación? A llorar a otra parte.
Morena y sus aliados tendrán la mayoría calificada en San Lázaro y en el Senado esperarán a dos o tres que se les quieran sumar, incluso del PRI de Alito ya hay quienes se apuntan para ser parte de ese bloque que, aparentemente, logrará importantes reformas a la constitución. Si hay “sobre representación” es la del pueblo, y esa es la que le molesta a la clase política, a la burbuja empresarial y al propio Ken Salazar, que abandonó su tono amistoso y conciliador para quitarse la mascara y quedar como el injerencista que siempre ha sido.
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