La Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT) de Tlaxcala ha dado un paso firme contra la imprudencia al volante al cancelar cuatro licencias tipo A de conductores de transporte público, responsables de accidentes que han dejado un saldo trágico: dos muertes, lesionados y daños materiales.
Los acuerdos, publicados en el Periódico Oficial del Estado, son un mensaje claro: la negligencia en el transporte público no será tolerada. Pero también nos invitan a reflexionar sobre la fragilidad de la seguridad vial en nuestras carreteras y comunidades de los 60 municipios.
El 31 de diciembre de 2024, Tlaxcala cerró el año con dos incidentes fatales. En la Vía Corta Puebla-Chiautempan, Rolando Flores Juárez, al mando de una unidad con placas A05400X, arrolló a un hombre que cruzaba la avenida, quitándole la vida.
Ese mismo día, en la carretera Amaxac-Santa Cruz, Cesar Acoltzi Nava, conductor de la unidad A05622X, embistió una motoneta, dejando una mujer muerta y a otra persona gravemente herida.
Dos tragedias evitables que empañaron la víspera de Año Nuevo y que evidencian una alarmante falta de responsabilidad al manejar vehículos que transportan vidas.
Apenas unas semanas después, el 23 de enero de 2025, José Manuel Lozano Nava protagonizó otro percance en San Simón Tlatlahuquitepec, Xaltocan. La unidad A08908X, de Autotransportes Tlaxcala-Apizaco-Huamantla, se estrelló contra una vivienda, poniendo en riesgo a una familia y causando daños materiales.
Y el 18 de febrero, Héctor Hernández Galeno, al volante de la A08144X, perdió el control por exceso de velocidad en la carretera Apizaco-Tlaxcala, chocó contra un poste y huyó, dejando tras de sí infraestructura dañada y el peligro latente para quienes transitaban la zona.
Estos casos no son simples estadísticas; son historias de vidas truncadas, familias afectadas y comunidades vulneradas por la irresponsabilidad. La cancelación de licencias es un primer paso, pero no basta.
La SMyT ha advertido que habrá más sanciones para quienes conduzcan con negligencia, y los afectados aún podrían emprender acciones legales.
Sin embargo, queda la pregunta: ¿qué hace falta para que el transporte público en Tlaxcala sea sinónimo de seguridad y no de riesgo? La capacitación rigurosa de los choferes, revisiones constantes de las unidades y una supervisión más estricta de las concesionarias son medidas urgentes.
Los ciudadanos merecen un sistema de transporte que no les cobre con su vida la tarifa de la imprudencia.
Porque, al final, el costo de la negligencia al volante no lo pagan solo las víctimas, sino toda la sociedad tlaxcalteca que ve cómo la confianza en sus caminos se desvanece. Tlaxcala no puede seguir transitando por esta ruta.


