El corazón de Butes ardiendo por escuchar el susurro de las sirenas

Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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Seguiré una semana más hundido en La Odisea y vuelvo a la escena del canto de las sirenas. ¿Cómo era ese canto? Y la cámara narra un primer plano de Odiseo, amarrado, dolorido por ese sonido que encarnaba todo lo que alguna vez deseaste ser, todo lo que tu alma anheló y deseó (…) era como un picor delicioso que ansiabas rascarte (…) un canto que reunía las melodías de todas las promesas que fui incapaz de cumplir. Lo que ahora no puedes poseer es precisamente lo que una vez estuvo en tus manos… y luego perdiste.

Odiseo, el héroe, lo sabía antes de todo: había que amarrarse para no sucumbir en el deseo. Pero, qué hay de Butes, que salta, que sucumbe, que le arde el corazón por escuchar el susurro voz-miel de las sirenas, ¿qué hay en el fondo del deseo de arrojarse al agua? ¿qué hay en el fondo del deseo de sucumbir en la obsesión y entregarse a la pasión? Volver a la condición originaria.

Si bien, este salto no sucede en la obra de Homero, sino en “Las Argonáuticas” de Apolonio, es adaptado correctamente en la película de Nolan. Es fácil centrar la mirada en el ejemplar actuar del héroe, que hace lo correcto, luchar contra todo su ser, sus demonios y los externos, por lograr el destino que los dioses le tienen deparado, adaptarse a lo esperado de él, y aun con eso, centrémonos en la figura secundaria del rebelde —incluso, antihéroe— de Butes que solamente quiere tirarse al mar, a chapotear, si es posible sobrevivir, y quizá luego acariciar por un momento lo deseado.

Hay desde luego un dilema filosófico. Puede ser un verdadero arquetipo de la libertad o del libertinaje. Quiénes somos, cómo debemos actuar, como el héroe Odiseo moldeado por todo y por todos con un fin y una razón de ser visible, o como aquel Butes que se sucumbe a su debilidad, al ritmo musical del mar y que encuentra en ese clavado la vuelta a la condición originaria. ¿En dónde está el verdadero valor: en la renuncia al ser o en la entrega a él? A quién honrarán los dioses y a quién los humanos.

Butes no se pone cera en los oídos como lo recomendó Circe. Tampoco lo hizo Odiseo, Ulises, pero él se ató al mástil. Quiso escuchar. Butes sueña despierto el oleaje del azul descrito por Homero como el color del vino porque los griegos no tenían una palabra para el azul. El ritmo en el mar es como la música originaria, y el azul que es del color del vino, le invita a la vuelta a su ser. Cantan las sirenas y le llenan el alma; también a Odiseo atado, pero contra todo, cumple; Butes renuncia a la sociedad a la que tenía previsto volver y las pasiones le vuelven impotentes a todo lo que le han dicho que tiene que ser, sucumbe. Y luego, salta.