El anuncio de Claudia; ¿habrá obediencia?

Martín Rodríguez/INNOMBRABLE
Martín Rodríguez/INNOMBRABLE
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Muchos aún son los incrédulos que no creen en el método utilizado por el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para definir a sus candidaturas. Dicho método, sin embargo, se ha convertido en el tiempo como el más democrático porque no es un elegido, por muy influyente que sea, el que las decida.

La misma candidata de Morena a la Presidencia de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, lo ha reconocido como el mejor en una coyuntura en la que un mundo de aspirantes a un cargo de elección popular hace largas filas para abanderar a ese instituto político de cara a las elecciones del próximo 2 de junio.

Lo dijo así: “Es importante que todos sepan que las candidaturas en Morena se deciden por encuesta. Nadie decide las candidaturas. ¿Por qué es por encuesta? Primero, porque así son los estatutos en Morena y, segundo, porque es lo mejor que podemos hacer porque finalmente decide el pueblo de un municipio, de un distrito quienes son los mejores candidatos o candidatas”.

Más claro no lo pudo haber dicho, sobre todo en un momento en el que varias personas aspirantes a una candidatura buscan utilizar o presumir presuntas influencias para buscar acomodo en un cargo de elección popular.

La reflexión es pertinente, sobre todo después de que durante la primera semana de este mes de enero se diera la filtración de un audio en el que el precandidato morenista al Senado por Jalisco, Carlos Lomelí, habría exigido a la virtual candidata presidencial, que le permitiera a él definir prácticamente todas las candidaturas, tanto federales como locales.

Imagínese usted si eso fuera cierto. Habría levantado un sin fin de inconformidades morenas a lo largo y ancho de todo el país. Pero esa es la irresponsabilidad a la que a veces llegan diversos aspirantes.

Tlaxcala no es la excepción. Aspirantes buscan padrinazgos para alcanzar candidaturas, como es el caso del ex secretario de Infraestructura, Alfonso Sánchez García, quien depende de su padre, el ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya, para alcanzar sus aspiraciones al Senado. Y otros más, no con las mismas influencias, buscan hacer lo mismo.

Por eso es importante el deslinde que en su oportunidad hizo quien ayer rindió protesta como candidata presidencial.

No será un dedo providencial o la voluntad de la misma abanderada morenista quienes definan candidaturas. Lo hace el pueblo a través de su opinión en las encuestas.

La información de que José Antonio Álvarez Lima y Ana Lilia Rivera Rivera será los próximos candidatos de Morena al Senado de la República, en busca de su reelección, tiene credibilidad porque las encuestas publicadas -y no publicadas- les ubican con clara distancia sobre sus oponentes internos. Es cuestión de días de que se dé la confirmación.

Mientras eso sucede, en el patio de enfrente aún se discute la conformación formal de una alianza electoral entre los partidos Acción nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) que en los hechos está resquebrajada.

Faltando cinco meses para las elecciones, es increíble que aún existan dudas sobre quienes son y no son los aliados. Por eso no es de extrañar que la ventaja que reflejan las encuestas, en el caso de las elecciones federales, sea demasiado amplia, tanta, que ahora mismo es de una proporción de dos a uno.

Aún así, en el cuartel morenista no hay visos de confianza. Por eso mismo el objetivo es postular a las mejores mujeres y a los mejores hombres en las candidaturas.

Y por eso, en el caso de las encuestas realizadas en Tlaxcala con respecto al Senado de la República, todo apunta a la reelección. Claudia no es madrina, pero ya confirmó que la encuesta será no negociable. La mesa está puesta.

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