MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En el intrincado tablero político de Tlaxcala, donde las instituciones públicas suelen ser escenario de estrategias y negociaciones, la extinción del Instituto de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (IAIP Tlaxcala) ha desatado un torbellino de especulaciones.

Más allá del decreto 155, que marca la desaparición del organismo y la transferencia de sus funciones a la Secretaría de la Función Pública y la Secretaría de Finanzas, un tema ha captado la atención de la opinión pública: el supuesto intercambio de personal entre el IAIP y el Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET). ¿Cortina de humo o realidad tangible?

En días recientes, medios locales y redes sociales han señalado un caso particular: el de Berenice Lima, funcionaria del IAIP que, según publicaciones, habría estado cobrando simultáneamente en el TET, sugiriendo un posible caso de nepotismo o “enjuague” institucional.

Arturo de Casa, presidente del IAIP, abordó estas acusaciones en una entrevista reciente, desmarcándose de cualquier irregularidad. Según De Casa, Lima ingresó al instituto en 2022, bajo la ponencia del comisionado Ángel Espinosa, y no está adscrita a su presidencia ni a su ponencia.

Además, aclaró que la funcionaria solicitó una licencia sin goce de sueldo por una semana por motivos personales, aprobada por el Consejo General, y que ya se reincorporó a sus labores en el área de atención ciudadana del IAIP.

Sin embargo, las explicaciones de De Casa no disipan del todo las dudas. La mención de un supuesto “intercambio” de personal entre el IAIP y el TET, aunque desmentida por el presidente del instituto, refleja una percepción arraigada en Tlaxcala: las instituciones públicas, lejos de ser fortalezas de transparencia, a veces se convierten en piezas de un ajedrez político donde los cargos se negocian y los puestos se acomodan.

La falta de información clara sobre las actividades de Lima durante su licencia y la negativa de De Casa a ahondar en los rumores sobre el TET solo alimentan la especulación. ¿Es posible que una funcionaria pueda desempeñarse en dos instituciones públicas sin que ello implique un conflicto de interés? La opacidad en este punto no ayuda a la credibilidad de las instituciones involucradas.

El contexto de esta controversia no puede ignorarse. La extinción del IAIP Tlaxcala, decretada a nivel nacional y replicada en las entidades, responde a una reestructuración que busca centralizar las funciones de transparencia en órganos desconcentrados.

En este proceso, el IAIP ha destacado por su disciplina financiera, logrando un ahorro de más de un millón y medio de pesos que serán devueltos a la Secretaría de Finanzas.

De Casa presume que el instituto cumplió en cuatro meses un programa anual de 12 meses, un logro que, aunque notable, no desvía la atención de las críticas sobre la gestión del personal y los supuestos acomodos.

El caso de Berenice Lima no es aislado. En Tlaxcala, la política local ha estado marcada por señalamientos de nepotismo y tráfico de influencias en diversos organismos.

La cercanía entre el IAIP y el TET, ambos actores clave en la vida democrática del estado, hace que cualquier indicio de irregularidad resuene con fuerza.

Si bien no existen pruebas concluyentes de un “enjuague” institucional, la percepción de que los cargos públicos se distribuyen entre aliados políticos persiste, erosionando la confianza en las instituciones.

En este escenario, la extinción del IAIP podría ser una oportunidad para replantear la transparencia en Tlaxcala, no solo en términos de acceso a la información, sino en la gestión de los recursos humanos en el sector público.

Mientras los 41 trabajadores del instituto, incluidos los comisionados, se preparan para la liquidación conforme al decreto, la ciudadanía espera que la transición sea un ejercicio de claridad y no un capítulo más de la opaca política local.

La pregunta queda en el aire: ¿es el caso de Berenice Lima un malentendido o la punta del iceberg de prácticas más profundas? Solo una investigación exhaustiva y transparente podrá aclararlo.

Otra vez Miguel Nava, presidente del Tribunal Electoral de Tlaxcala vuelve a estar en medio del conflicto pues de confirmarse este enjuage de cargos se podría reiterar una nueva “estrategia” del jurista para colocar a su gente, sin pudor y sin vergüenza.

Por lo pronto, Tlaxcala sigue siendo un reflejo de los retos que enfrenta la democracia local: la necesidad de instituciones sólidas, libres de sospechas y al servicio de la ciudadanía, no de los intereses de unos pocos.