En un país donde la memoria histórica es a menudo manipulada, el caso de Lorenzo Córdova Vianello, exconsejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), emerge como un ejemplo lacerante de hipocresía y abuso de poder.
La reciente controversia en la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), donde se discute un amparo para eliminar una mención en los Libros de Texto Gratuitos (LTG) que lo señala por un acto discriminatorio, no solo desnuda la fragilidad de su reputación, sino que pone en entredicho la credibilidad del INE, tanto en su gestión pasada como en la actual bajo Guadalupe Tadei.
El origen del conflicto es claro: en 2015, un audio filtrado reveló a Córdova burlándose de un líder indígena tras una reunión oficial. Sus palabras, cargadas de desprecio —“Yo jefe gran nación chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti o deputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones”—, no solo fueron una afrenta a la dignidad de las comunidades indígenas, sino una muestra de la arrogancia de quien se supone debía garantizar la equidad en la democracia mexicana.
Ahora, Córdova busca borrar esta mancha de los LTG, alegando que la mención en el libro de sexto grado vulnera su “derecho al honor”. ¿Honor? La ironía es tan grande que casi se puede palpar.
La mención en los libros no es un invento, como el propio Córdova no ha negado. El hecho ocurrió, y su reacción no fue desmentir, sino correr a los tribunales para silenciar la verdad.
Argumenta que la grabación fue obtenida ilícitamente, pero en ningún momento ha refutado su autenticidad. Su amparo, lleno de tecnicismos legales, busca pintar su burla como una violación a su privacidad, mientras ignora el daño que sus palabras causaron a la dignidad de las comunidades indígenas y a la confianza en el INE como institución.
Este acto no es solo un intento de limpiar su imagen, sino una afrenta al derecho de las nuevas generaciones a conocer la verdad sobre quienes han ostentado el poder.
El INE bajo Córdova no fue un modelo de virtud. Durante su gestión (2014-2023), el organismo enfrentó críticas por su manejo opaco de recursos, decisiones arbitrarias en la fiscalización de campañas y una actitud elitista que lo alejó de los ciudadanos.
La organización de elecciones, aunque funcional, estuvo marcada por cuestionamientos sobre su imparcialidad, especialmente en comicios donde el oficialismo parecía tener ventaja. Córdova se presentaba como un defensor de la democracia, pero sus acciones —como la filtración de 2015— revelaron un desprecio por los sectores más vulnerables, aquellos que el INE debería proteger con especial celo.
Y si el pasado del INE es cuestionable, el presente bajo Guadalupe Tadei no pinta mejor. La transición a su liderazgo ha estado plagada de críticas: desde la falta de claridad en la organización de las elecciones de 2024 hasta señalamientos de continuidad en las prácticas elitistas y poco transparentes de su antecesor.
Tadei heredó un INE debilitado por años de cuestionamientos y no ha logrado revertir la percepción de que la institución sirve más a intereses políticos que a la ciudadanía.
La defensa de Córdova en este caso, respaldada por algunos ministros de la SCJN, refleja una mentalidad de casta que busca proteger a los suyos, sin importar el costo para la verdad o la justicia.
La discusión en la Corte, que terminó en empate, es un reflejo de la polarización en torno a este caso. Por un lado, los ministros Laynez y Pérez Dayán argumentan que la mención carece de “relevancia pública” y afecta el “honor” de Córdova.
Por otro, las ministras Batres y Esquivel defienden el derecho de niñas y niños a una educación que visibilice la lucha contra la discriminación. La balanza pende, y la resolución final, que podría definirse el 13 de agosto o pasar a la nueva composición de la Corte tras la Reforma Judicial, será un termómetro de hasta dónde llega la influencia de quienes buscan reescribir la historia para proteger su imagen.
Lorenzo Córdova no solo busca borrar una línea de un libro; busca borrar la evidencia de su propia arrogancia. Mientras tanto, el INE, tanto en su era como en la de Tadei, sigue sin ser la institución democrática que México merece.
La hipocresía de Córdova y la ineficiencia del INE son dos caras de la misma moneda: una democracia que, en lugar de servir al pueblo, protege a los privilegiados. Que los libros de texto mantengan la verdad es un pequeño acto de resistencia contra esta farsa. La pregunta es: ¿triunfará la verdad o la censura? El tiempo, y la Corte, lo dirán. Aunque desde ahora ya sabemos y hemos calificado.
Las tres de ley… 1-Juan Luis Cruz Pérez ha logrado este día lo que la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET) buscó en los últimos años, dignificar y unificar un perfil a favor del gremio
2- La Presea Miguel N. Lira tiene un digno destinatario, un periodista de carrera y trayectoria que lo sabrá resguardar y mantener en el más alto nivel. No es una aspiración, es afirmación total la que aquí hago.
3- Los diputados podrán dormir tranquilos; aunque los sinodales hicieron la labor más difícil sabemos que esto depende, en gran medida, de un trabajo político, de acuerdos, de análisis entre bancadas, y de negociaciones. No vamos a descubrir el hilo negro, pero Juan Luis se las puso fácil. No le demos vueltas.


































































