Este domingo, Tlaxcala se convirtió en el escenario de un espectáculo político que desnudó las profundas divisiones al interior de Morena de cara a la sucesión gubernamental del 2027.
Dos eventos masivos, casi simultáneos, compitieron por la atención y la estructura del partido, pero dejaron en evidencia una diferencia abismal en capacidad de movilización real y en apoyos orgánicos.
Alfonso Sánchez García convocó una marcha que, según sus críticos, se sostuvo con recursos públicos, nómina y presión institucional.
Aunque fue presentada como un respaldo al proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum, el legislador federal Gerardo Fernández Noroña la calificó abiertamente como un acto proselitista para posicionar a Sánchez García como candidato a gobernador. “No se vale”, sentenció desde la tribuna y en entrevista.
A escasos kilómetros, en el campo deportivo de la Loma Xicohténcatl, la senadora Ana Lilia Rivera Rivera realizó su informe de actividades legislativas.
Pese al boicot, las amenazas y la presión reportada sobre transportistas y servidores públicos, el evento logró una asistencia masiva sin el respaldo del gobierno estatal ni de la mayoría de los municipios.
Rivera Rivera no solo llenó el recinto, sino que contó con el respaldo explícito de figuras nacionales de peso:
- Gerardo Fernández Noroña, quien criticó los eventos divisionistas y llamó a la unidad.
- Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de diputados federales y cercano asesor de Claudia Sheinbaum, desde la UNAM.
- Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores de la presidenta y uno de los más cercanos hombres de AMLO
- El senador y exgobernador José Antonio Álvarez Lima. Pieza central y cerebro de gran parte de este acto.
- Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado y secretaria de las mujeres a nivel federal.
- Además de las diputadas locales Ana Bertha Mastranzo Corona y Blanca Aguila Lima.
Un momento llamativo sin duda fue la presencia de Sergio González Hernández, exsecretario de Gobierno de la actual administración, cuya asistencia representa un claro quiebre en el corazón del grupo gobernante. No es lo que significa electoralmente, sino la falta de credibilidad en un proyecto de continuidad
En la marcha de Sánchez García brillaron por su ausencia la mayoría de los presidentes municipales. De los 60, solo acudieron unos cuantos, entre ellos Giovani Montiel (Tetla), Diana Torrejón (Tlaxco), Javier Rivera (Apizaco) y Blanca Ángulo (Chiautempan).
El evento se sostuvo principalmente con funcionarios, delegados federales y nóminas de los tres poderes locales. No le demos vueltas.
Al final de su informe, la senadora Ana Lilia Rivera extendió un mensaje directo a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, algo que al menos en lo público jamás había sucedido: le reconoció su amor por Tlaxcala y manifestó su disposición al diálogo y al acercamiento “a partir de este momento”.
Esta es la primera vez que al menos una de las dos figuras muestran, públicamente, interés en tender puentes.
El contraste del domingo es contundente: ni con todo el aparato estatal el grupo de Alfonso Sánchez García logró opacar el músculo político que demostró Ana Lilia Rivera, quien compitió prácticamente en solitario y orgánico.
Esto plantea una pregunta incómoda: si la dirigencia nacional de Morena y Claudia Sheinbaum ya habrían comprometido la candidatura al equipo de Sánchez García, ¿por qué el uso de la fuerza estatal y las maniobras para boicotear el informe de la senadora?. Por qué la rudeza innecesaria y la exhibición a los órganos electorales.
El 2027 aún está lejos, pero el reloj ya corre. Este domingo quedó claro que el camino hacia la gubernatura no será ni fácil ni unificado para Morena en Tlaxcala.
Y sin embargo la reciente señal de diálogo entre Ana Lilia Rivera y Lorena Cuéllar abre una puerta que hasta ayer parecía cerrada. Resta ver si esa se mantendrá abierta o si las fracturas seguirán profundizándose, todavía más.


