En el pintoresco pero convulso escenario de Tlaxcala, donde la realidad cotidiana choca con la pompa oficial, el alcalde de la capital, Alfonso Sánchez García, decidió protagonizar un episodio que roza lo burlesco. Una cascarita.
Mientras la ciudad lidiaba con el eco de un asalto brutal, Sánchez García se enfundó en su uniforme deportivo para participar en el “Mundialito por la Paz”, un partido amistoso entre alcaldes y funcionarios de municipios como Mazatecochco, San Pablo del Monte, Apetatitlán, Panotla y Texoloc.
El comunicado oficial lo pintaba como un noble esfuerzo por fomentar el deporte y la convivencia sana. ¿En serio? Horas antes, una familia en Tlacomulco vivía una pesadilla: siete hombres armados irrumpieron en su hogar sobre la calle Juárez, golpearon y apuñalaron al propietario, amarraron a todos y saquearon 180 mil pesos en efectivo, dos camionetas (una Chevrolet Tornado 2025 y una GMC Acadia 2012, ambas blancas), televisores, cafeteras, un proyector, celulares y hasta los discos duros de las cámaras de seguridad.
¿Valía la pena presumir esa “cascarita” en redes y comunicados, usando horario laboral para ello? Más que motivación deportiva, parece una burla cruel a las víctimas de la inseguridad rampante. ¿A quién se le ocurrió?
Y como si eso no bastara para un fin de semana de desaciertos, Sánchez García —hijo del exgobernador y figura controvertida— fue exhibido públicamente en un video viral. Durante un evento con la gobernadora, el presidente de la comunidad de Tizatlán lo confrontó sin filtros: reducción de presupuestos, condicionamiento de obras públicas, marginación del cabildo y un “pésimo gobierno municipal”.
Todo dicho frente a la máxima autoridad estatal. ¿Qué fue peor para el alcalde: el insensible alarde de su “mundialito” o este despojo público de su imagen? La respuesta parece obvia: ambos revelan prioridades torcidas, donde el deporte entre funcionarios eclipsa la urgencia de combatir la delincuencia que deja comunidades en shock y evidencia robos en despoblado, sin el mínimo rubor y atención de la autoridad municipal.
Pero la incongruencia no termina ahí. Este sábado, el secretario de Educación Pública estatal, Homero Meneses Hernández, celebró sus 52 años en el auditorio municipal de Contla de Juan Cuamatzi. ¿Un festejo inocente? No del todo.
La calle José María Morelos, entre Emiliano Zapata y Melchor Ocampo, fue cerrada con patrullas, bloqueando el paso a los no invitados y convirtiendo vías públicas en estacionamiento privado.
Vecinos furiosos cuestionaron en grupos de WhatsApp y páginas locales: ¿por qué se privatiza el espacio público para un evento personal? Asistentes y publicaciones en redes mostraron a Yvonne Roldán Xolocotzi —hermana del alcalde Eddy Roldán— vigilando el acceso como una cadenera de antro. Personal municipal involucrado, patrullas desviadas… ¿Es esto gobernar para el pueblo o para el círculo cercano?
Estos dos personajes, Sánchez García y Meneses Hernández, son los mismos que el 14 de agosto desfilaron en la “Noche Que Nadie Duerme”, no por ser los favoritos en la sucesión de 2027 —como presumen—, sino por su lealtad ciega al poder en turno. Ellos junto a Carlos Luna y Carlos Augusto Pérez son los “más disciplinados”, los de “mayor confianza”, queda claro y el pago es meterlos en la negociación. Son monedas de cambio.



