La Ciudad de la Cultura y el Entretenimiento (CCE) no surgió de la nada, sino como parte de un plan anunciado en febrero de 2025, con una inversión inicial de 556 millones de pesos, que se suma a la Plaza Bicentenario que nos dijeron en el ocaso del gobierno de Héctor Israel Ortiz Ortiz, sería el espacio para el encuentro y la difusión de la cultura y el entrenamiento. Nada de eso sucedió.
Por eso una mayoría desconfía del espacio ubicado en los límites de Amaxac de Guerrero y Yauhquemehcan (en Atlihuetzia), el mismo que está ocupando 10 hectáreas y buscando ser un “polo de desarrollo turístico, cultural y económico”. Los alcaldes de esas demarcaciones andan perdidos en tareas políticas, cero ciudadanas, o de interés general.
Este inmueble incluye un auditorio para 7,000 personas, un palenque para 5,800, zonas ganaderas, comerciales y de juegos mecánicos, con finalización prevista para agosto de 2026 en tres etapas. ¿Al hacerla de cero no se pudo prever un aforo mucho mayor del que presumen?
La primera etapa, con más de 150 millones invertidos, se inaugurará este próximo 6 de diciembre de 2025, justo para el cuarto informe de Lorena Cuéllar Cisneros. Lo que ahí se diga podría mitigar el escepticismo.
En redes sociales se habla mucho del avance “rápido” (31% general hasta octubre de 2025), atribuido a la “coordinación” entre gobiernos estatal y municipal, y lo venden como un detonante para el empleo y la paz social al fomentar la formación artística juvenil. ¿Cómo harían eso?, nadie contesta o nadie sabe.
Alcaldes como Mauricio Pozos Castañón (de Amaxac) lo llaman “histórico” por resolver disputas territoriales y promover talentos locales. Sin embargo, los ciudadanos expresan un escepticismo real
Casi todos señalan que la “urgencia” responde más a calendarios políticos que a planeación orgánica, especialmente al vincularla con la sucesión en el 2027
En casi todas las redes sociales el debate es vívido: usuarios y medios critican la expropiación reciente de un predio adyacente; se trata de “La Presa de Jesusito”, un espacio que consta de 8,078 m², todo eso para un estacionamiento de 431 cajones, visto como “impacto vial” pero cuestionado por opacidad catastral y beneficio estatal sobre local.
Esto refuerza la idea del texto de haber generado la construcción “en un abrir y cerrar de ojos”, de la primera piedra en febrero a inauguración parcial en diciembre, un ritmo inusual para un estado con burocracia federalista.
¿Se trata de convencer a los tlaxcaltecas de qué esta administración está trabajando o de qué los presidentes puedan justificar una obra en su territorio? (Aunque no hayan hecho más que ir por las cocas y a sacarse varias fotos)
Controversia de la Reubicación de la Feria de Tlaxcala
La Feria de Tlaxcala 2025 atrajo a 800,000 visitantes motivados con los 400 eventos, pero en octubre surgió el rumor de mudarla a la CCE en 2026, impulsado por el secretario de Infraestructura, Eduardo Rubén Hernández Tapia.
Medios y ciudadanos lo tildaron de “redundante” y “simbólico”, sin resolver problemas crónicos como saturación vial o falta de lienzo charro, y generando “rispidez” en redes.
La respuesta gubernamental fue rápida: la titular del ejecutivo local confirmó hace unos días ante medios de comunicación que la feria “no cambiará de sede”, citando “opinión ciudadana” y priorizando el recinto tradicional
Muchos han dicho lo mismo, no es esto un “parque duplicado” junto al actual. Entonces la decisión de mantener la feria en Tlaxcala centro fue pragmática, pero deja la CCE como “escenario vacío” para el informe, un evento con 7,000 asistentes que sin duda será insuficiente para el acto.
La Pregunta Central: ¿Urgencia e Inversión para Otras Obras?
A cuatro años de Cuéllar, solo tres obras emblemáticas están “visibles” (CRIAT para autismo, C5i de seguridad y fiscalías especializadas), cuatro menos que su antecesor Marco Antonio Mena Rodriguez. Sin embargo hay dos años por delante y Cuéllar Cisneros podría hacer una diferencia para sí misma.
Su inversión millonaria para esta obra, contrasta con rezagos: el 75% de tlaxcaltecas usa internet, pero el 20% rural carece de agua potable; el saneamiento del Río Atoyac-Zahuapan cuesta +1,000 millones, pero persiste contaminación. ¿Entonces debería haber prioridades o no?
La Jornada de Oriente que encabeza el maestro Raúl Jiménez Guillen destaca expropiaciones opacas para la CCE, impactando a 1.3 millones de habitantes en “movilidad”, pero sin consulta amplia.
Muchos pensamos que el proceso electoral de 2027 intensificará críticas, lo que implica que la urgencia actual es preelectoral.
En balance, sí: esa inversión (556 millones) podría acelerarse en obras como la Ciudad Deportiva (en proceso) o vialidades en Nanacamilpa, Apizaco, Apetatitlán,
Contla, etc., pero el modelo “ciudades temáticas” prioriza legado visible. Ya de por sí el color morado tiene esa finalidad.
Por eso muchos vemos riesgo de “elefantes blancos” si no se integra con necesidades locales. Insisto en esto: ¿no fue así lo
Invertido en la Plaza Bicentenario que Mariano González abandonó por capricho?
Los opositores destacan un Tlaxcala en transformación, donde la CCE simboliza ambición cultural pero también desigualdad en prioridades.
Las redes sociales muestran un consenso: el avance es real, pero la “urgencia” política eclipsa equidad. Para 2026, ya sin la feria integrada, la prueba será si genera 1,000 empleos prometidos o solo fotos para informes.
Sin esa inyección presupuestal a salud rural o educación, el texto pasaría de crítica a profecía cumplida. Por el bien de todos… que no se cumpla mi pésima predicción.
