Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
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Mientras los empresarios luchan para salir adelante tras la dura batalla que significó el COVID-19, en Tlaxcala hay instancias que se encargan de “sangrar”, que no de apoyar, a esos mismos microempresarios que ven con terror los recorridos que hacen instancias como la Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios del Estado de Tlaxcala (COEPRIST).

La Comisión encargada de salvaguardar la salud de los consumidores ocupa ese membrete para “pasar charola” a los empresarios del ramo restaurantero/hotelero en municipios como Apizaco donde, a través de “supervisores”, llegan y realizan una “revisión” exhaustiva, pero al final acaban sancionando a los dueños con cualquier pretexto.

Las denuncias están en redes sociales o en cartas a medios de comunicación y no en instancias legales porque los inconformes saben de la arbitrariedad con la que se conduce Mónica Yazmín Jiménez Gutiérrez, titular de esa oficina que, por cierto, ocupó el espacio cedido por su progenitor a quien, hay que decir, jamás se le conoció por las practicas que su hija explota en potencia.

Recordemos que con la rotación que inició en enero del 2023 por parte del gobierno estatal, esta administración puso en esa oficina a Mónica Yazmín Jiménez Gutiérrez, sin imaginarse que la recién nombrada empezaría a abusar de sus atribuciones, asignando espacios para familiares y “amigas” de algunos directivos.

Jonathan Cirio García es uno de esos “iluminados”, que han abusado de sus atribuciones y facultades para mejorar las condiciones laborales de sus amigas, familiares y allegados. Él cobra como subgerente regional en Apizaco, el municipio que más señalamientos tiene en contra de la Coeprist.

De todo esto existen minutas que han sido levantadas ante instancias como la secretaría general de la sección 27, del sindicato nacional de trabajadores de la secretaria de salud (SNTSA) y con el propio contralor de la SESA que hasta la fecha poco o nada ha hecho para remediar los excesos de la titular de la Coepris y de algunos de sus directivos.

De las denuncias realizadas existe documentación, esos si de carácter judicial, a los que han tenido que recurrir los empresarios del ramo restaurantero que señalan a Yazmín Jiménez de extorsión, pues afirman que a través de su personal -que se acredita como “dictaminador”- aparecen y “peinan” cada espacio, levantando actas sin membretes y sin firmas oficiales, con las que luego pretenden “arreglarse” con los dueños de las empresas. De esto tiene conocimiento la titular.

En el caso de los restauranteros apizaquenses son más de 15 los que han estudiado la posibilidad de sumarse a las manifestaciones que se ejercen en la capital tlaxcalteca con la intención de visibilizar los excesos y la extorsión institucional de la que son víctimas por parte de la Coeprist.

Las tres de ley… 1- En Tlaxcala llevamos seis “responsables” de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) que han pasado por ese encargo, y aunque dos solo han ocupado el espacio como encargados de oficina, para fines prácticos también han tenido esa tarea. Ahora se asoma un séptimo elemento que buscará cumplir con la encomienda.

2- Se trata de Alberto Martín Perea Marrufo, quien hasta hace unas horas estaba como responsable de la Dirección de Seguridad Pública y Transitó (SPyT) en QuintanaRoo y que, de acuerdo con “Sol Quintana Roo”, habría dimitido al cargo para hacerse del membrete de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de Tlaxcala, según lo publicado por distintos medios en ese territorio.

3- Esperar que un séptimo elemento, con las mismas carencias y desconocimiento del territorio, nos venga a resolver un problema como la seguridad, es de una fe inconmensurable por parte de esta administración.

Nadie dudará de su capacidad si nos ponen su curriculum por delante, pero los hechos y antecedentes de Perea Marrufo no son los mejores, a eso súmele que no contará con tiempo para “empaparse” del contexto estatal y llega en medio de un conflicto.

Ojalá que no traiga el dedo en el gatillo, lo que menos se necesita en Tlaxcala es más gasolina en medio del polvorín en el que estamos convertidos.

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