MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
Comparte esta nota

La maniobra de Carlos Augusto Pérez Hernández revela una lectura astuta —y pragmática— del tablero político en la Cuarta Transformación tlaxcalteca.

Sabedor de que sus posibilidades reales para la candidatura a la gubernatura por Morena en 2027 son limitadas, el exdirigente estatal del partido optó por no quemar cartuchos en una contienda interna donde el piso no parece parejo, y en su lugar buscó cobijo en esferas de mayor influencia nacional, lejos del escenario local.

Ayer, según fuentes cercanas al acontecer morenista, Pérez Hernández se presentó en las oficinas de la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Citlalli Hernández Mora, una de las figuras con mayor peso y cercanía en el círculo de Claudia Sheinbaum Pardo.

No fue una visita protocolaria: el encuentro se da en un contexto donde Citlalli, como secretaria general de Morena durante la etapa en que Carlos Augusto presidía el Comité Ejecutivo Estatal en Tlaxcala, compartió trincheras partidistas junto a Mario Delgado en la dirigencia nacional. Esa relación pasada no es menor; representa un vínculo directo con la estructura central del partido y, por extensión, con el poder en Palacio Nacional.

Recordemos el trayecto reciente de Pérez Hernández: tras dejar la dirigencia estatal de Morena, asumió como director general del Fondo Macro para el Desarrollo Integral de Tlaxcala (Fomtlax), cargo desde el cual impulsó programas de apoyo económico pero que abandonó en febrero de 2026 por “congruencia” con sus aspiraciones políticas.

Poco después, destapó públicamente su intención de contender por la gubernatura, exigiendo piso parejo en el proceso interno y posicionándose como aspirante a coordinar los comités en defensa de la 4T en la entidad —figura que, de facto, suele traducirse en la candidatura oficial.

Sin embargo, la realidad tlaxcalteca dentro de Morena es más compleja. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros mantiene un control significativo sobre las estructuras locales, y otros perfiles con mayor alineación o respaldo directo de la actual administración federal compiten en mejores condiciones.

Pérez Hernández, con trayectoria que incluye militancia previa en el PRI antes de sumarse a Morena, ha sido calificado en algunos círculos como un “reciclado” o figura con limitada tracción orgánica en el actual momento de la 4T.

De ahí la jugada: en lugar de desgastarse en una encuesta estatal donde podría salir desfavorecido, opta por fortalecer lazos en el ámbito federal. La Secretaría de las Mujeres no es un espacio cualquiera; bajo Citlalli Hernández —quien asumió el cargo en el gobierno de Sheinbaum tras su paso por el Senado y la secretaría general de Morena— se ha consolidado como una de las voces más visibles en temas de género, igualdad y agenda progresista, con acceso directo a la Presidenta.

Una reunión allí no busca un puesto en Tlaxcala, sino posicionamiento nacional: quizá una coordinación en programas federales, un rol en la estructura partidista central o, al menos, un salvoconducto que lo mantenga vigente en la órbita de la 4T más allá de las fronteras estatales.

Esta movida subraya una tendencia recurrente en la política morenista post-2024: cuando las puertas locales se estrechan, los cuadros buscan oxígeno en el centro.

Pérez Hernández no pierde el tiempo; sabe que la verdadera moneda de cambio en la 4T ya no está solo en las encuestas estatales, sino en las redes de lealtad y proximidad con Sheinbaum y su equipo. Si la gubernatura tlaxcalteca parece lejana, el cobijo en instancias nacionales —con Citlalli como puente— podría abrirle puertas que el escenario local le niega.

En Tlaxcala, la 4T sigue su curso, pero algunos de sus actores ya miran más allá del horizonte estatal. El capítulo de ayer en las oficinas de Citlalli Hernández no fue un regreso al pasado compartido en Morena; fue una inversión en el futuro, fuera de Tlaxcala.