Mientras miles de mexicanos viven en la pobreza o pobreza extrema, este fin de semana la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo calificó como “asunto menor” las acusaciones de presuntos actos de corrupción que el líder del senado, Adán Augusto López Hernández, denunció en contra de Ricardo Monreal Ávila, ex líder de la fracción parlamentaria en esa cámara y hoy coordinador de diputados federales en San Lázaro
Y no es broma, ni “día de los inocentes”, la presidenta Sheinbaum Pardo de verdad considera que la confrontación entre Monreal Ávila y López Hernández, es un “asunto menor” tal y como lo declaró en su visita al sur del país.
En esa misma entrevista la ex jefa de Gobierno en la Ciudad de México pidió “cabeza fría” a dos de las corcholatas que buscaron la misma posición que la llevó a la boleta el pasado 2 de junio. Como si en ese lapso ambas figuras no hubieran mostrado lo ruines y corruptos que son.
La desafortunada declaración la hizo Sheinbaum llegando al Centro de Atención a Visitantes de la zona arqueológica de Palenque–que inauguró el sábado–, acto donde emitió una de las respuestas que, sin duda, será más recordada en tono de reproche por todos aquellos que consideran a la impunidad como principal elemento corruptor en este país
Y es que tácitamente la presidenta advierte a Adán Augusto López abstenerse de continuar con las investigaciones que indudablemente llevarían al tibio Monreal a exhibirse en la manera en la que entregó millones del senado a su familia, a través de empresas que se dedicarían a brindar “servicios” a ese poder.
Los antecedentes para el ex gobernador de Zacatecas no son buenos pues anteriormente falsificó firmas de sus compañeros del senado para autorizarse la compra, a sobreprecio, de un lote de libros, de su propia autoría, para ser entregados al senado, con la finalidad de “acrecentar” el acervo bibliográfico de ese poder.
Ahora el escándalo se ha incrementado justo cuando diputados federales de la actual legislatura, quizá conociendo ese antecedente, desmintieron que el documento emitido como muestra del “respaldo unánime” de los miembros de san Lázaro, a favor del propio Monreal, sea verídico pues varios de ellos alegan no haber tenido conocimiento de la redacción de ese posicionamiento. Nuevamente Monreal mintió.
Es normal que para la presidenta estos arrebatos no causen estrés al interior de Morena, o de sus respectivas bancadas, pero un país que votó por acabar con las viejas prácticas observa con decepción la manera en la que la desaparición de miles de millones de un poder, pueda desestimarse simplemente porque los señalados y acusados pertenecen a sus filas. ¿No que la ley no se negocia?… ¿por encima de la ley nadie, o no decían eso?
Que la confrontación mediática entre el diputado Monreal y el senador Adán López no signifique nada para ella, no quiere decir que no tenga que ser investigado hasta sus últimas consecuencias, de otro modo la legitimación de sus posicionamientos quedarían en entredicho. Y apenas va por su primer año.
Es cierto, el escándalo entre ambos difícilmente tendrá consecuencias en las iniciativas presentadas al Congreso, o en el senado, pero sabe perfectamente que los opositores tienen un argumento de peso para futuros momentos en ambas tribunas. La merma vino desde el interior de sus filas y esas diferencias tendrán eco entre los mexicanos, no lo dude usted querido lector.
“sí, bueno; si tiene algún tema, pues hay instancias para denunciarlo. Se debe investigar. Es algo menor… Sí, sí. Son asuntos normales entre ellos”, dijo la presidenta, pero que lo diga ella o algún comunicado oficial no es un argumento válido para una mujer que lucha por acabar con los errores del pasado. Los hechos del presente parecen ser contundente para debilitar esa posición
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