La noticia que proviene de Amaxac de Guerrero, en nuestro querido Tlaxcala, no debería sorprendernos en el México profundo, pero sigue indignando: el tesorero municipal, Luis Antonio Vélez Castillo, ha decidido que la mejor forma de vender boletos para el rodeo baile y el baile de Cuisillos es amenazar con descontar el monto directamente de la nómina de los trabajadores, o incluso retener el salario completo si no pagan.
En un audio que ya circula entre el personal, en grupos de WhatsApp y en redes sociales, Vélez Castillo es claro y contundente: quien no cubra sus boletos antes de las 15:00 horas verá afectado su pago del próximo lunes.
A decir de los propios burócratas del municioio, el cobro se extiende a más de 120 trabajadores que recibieron alrededor de 20 boletos cada uno. Lo que comenzó como una “invitación” terminó convertida en obligación bajo amenaza de dejar sin ingresos a familias enteras. Esto no es cobranza. Esto es extorsión institucional.
Utilizar el poder coercitivo del ayuntamiento —a través del control de la nómina— para financiar eventos festivos no es una “gestión creativa”, eso es un abuso de autoridad que violenta derechos laborales elementales.
Los trabajadores municipales no son vendedores forzosos ni accionistas obligados de la feria. Son empleados que prestan un servicio público y que, como cualquier ciudadano, deberían decidir libremente si quieren o no gastar su dinero en un baile o un rodeo.
El perfil del funcionario responsable agrava el escándalo. Licenciado en Recursos Humanos —no en finanzas ni contaduría— y recomendado por un exedil de otro municipio. Vélez Castillo demuestra una nula comprensión (o una deliberada ignorancia) de los límites éticos y legales de su cargo. Amenazar con retener salarios no es “asegurar el pago”. Es acoso laboral disfrazado de política interna.
Este tipo de prácticas convierten al gobierno municipal en un pequeño señor feudal que usa el miedo económico para imponer sus decisiones. ¿Qué sigue? ¿Descuentos por no asistir a las fiestas del tesorero? ¿Retenciones por no comprar rifas o cooperaciones “voluntarias”? La línea que separa la mala administración de la arbitrariedad autoritaria es delgada, y en Amaxac la están cruzando sin pudor. Espero que el presiente municipal Mauricio Pozos Castañón ponga un hasta aquí al recomendado.
La indignación de los trabajadores es legítima y comprensible. Nadie debería vivir con el temor de que su sueldo ganado con esfuerzo, sea utilizado como rehén para saldar cuentas de una fiesta. En un país donde los sueldos municipales suelen ser modestos y las necesidades familiares apremiantes, esta “modalidad de cobranza” resulta especialmente cruel.
Los trabajadores que nos buscaron este fin de semana han pedido que exigimos a las autoridades estatales y a los órganos de defensa de los derechos laborales que intervengan de inmediato.
No puede normalizarse que un ayuntamiento utilice mecanismos de presión propios de prácticas delincuenciales para financiar sus eventos. La transparencia, la voluntariedad y el respeto a la dignidad de los trabajadores deben ser innegociables.
Mientras tanto, el audio sigue circulando como prueba irrefutable. Y cada vez que se escuche, recordará a los tlaxcaltecas de qué manera algunos funcionarios entienden el “servicio público”: no como una responsabilidad, sino como un instrumento de control.

