MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Este jueves Claudia Sheinbaum Pardo aterriza por sexta ocasión en Tlaxcala desde que asumió la Presidencia. Oficialmente, el viaje se enmarca en los micro informes que realiza por su segundo informe de gobierno, aunque personalmente creo que lo hace para palpar el ánimo social en cada territorio.

Tlaxcala es, en el mapa electoral, territorio morenista- obradorista- claudista, pero también es una entidad donde el poder se ha transmitido durante décadas por apellidos, redes familiares y cacicazgos que sobreviven a los cambios de partido.

La pregunta que circula en voz baja entre militantes y observadores no es si Morena ganará en 2027 —casi nadie duda de ello—, sino si el proyecto que se autodenomina transformador será capaz de romper, al menos aquí, con la lógica que criticó durante años.

Hasta ahora, las señales no invitan al optimismo en la entrega de estas coordinaciones; Zacatecas designó a Verónica Díaz, vinculada al entorno familiar de los Monreal, pese al discurso interno contra el nepotismo.

En Baja California, Julieta Ramírez emerge del círculo cercano de la gobernadora Marina del Pilar; en Guerrero, Beatriz Mujica aparece integrada al grupo de los Salgado Macedonio y se le recuerda por escupir y aborrecer al mismo Andrés Manuel López Obrador.

Todas estas entregas no son anomalías del actual sexenio: el mismo patrón se observó antes en la pasada designación que se hizo para Chiapas, Puebla y otras entidades y quizá la Ciudad de México (con Clara Brugada) es la excepción relativa, no la regla.

La distinción que algunos intentan trazar afirmando que una cosa es la dirigencia nación de Morena y otra la presidencia resulta, en este punto, poco creíble, porque desde el PRI clásico, el PAN, y ahora Morena, la Presidencia de la República ha sido el actor decisivo en las designaciones estratégicas de las gubernaturas. Quién lo dude vive en una caverna.

La tómbola quedó atrás, la formación de cuadros del Instituto Nacional de Formación Política apenas se menciona; lo que pesa es el grupo de poder en las entidades, la capacidad de negociación con el gobernador en turno y la pertenencia a las redes locales de siempre. Los perfiles que se presentan “en defensa de la 4T” terminan siendo, en demasiados casos, los mismos de siempre pintados de guinda en cada entidad.

El método de las encuestas neutraliza las disputas internas, pero también elimina la discusión política real sobre proyectos y sucesiones, no lo dicen pero parece que sigue pesando más la familia, o el grupo al que se pertenece que el trabajo territorial de militantes, jóvenes o cuadros formados en la base.

Morena llega a 2027 con una salud electoral sólida, es poco probable que sufra reveses importantes en las gubernaturas, salvo quizás Querétaro. Aguascalientes sigue siendo terreno hostil, pero aún faltan por definir coordinaciones en Nayarit, Nuevo León, Chihuahua, San Luis Potosí, Tlaxcala, entre otras.

Entonces podemos decir que aunque la salud electoral es buena, su salud democrática es precaria, porque podrá seguir ganando elecciones siempre y cuando la base no se percaté que continúan reproduciendo las lógicas que juró combatir, o quizá puede arriesgarse a abrir espacios reales de renovación con el costo que ello implica.

La visita de este jueves será leída, por tanto, en clave de expectativa; si la coordinación estatal termina en manos de los mismos grupos de poder que han dominado la entidad, una parte de la militancia y de la ciudadanía local podría interpretar que Claudia Sheinbaum vino, escuchó y optó por la continuidad porque percibió un clima propicio… cuando un acto es controlado resulta difícil encontrar voces discordantes y eso lo debe saber ella

En ese escenario, la próxima visita podría no ocurrir en el mismo clima afectivo pues la militancia podría sentirse utilizada; si por el contrario, se abre un espacio real a perfiles con trayectoria más cercana a la base y menos atados a los cacicazgos tradicionales, la señal sería distinta. Sin duda lo sería.

Tlaxcala es un estado pequeño, sí, pero simbólicamente relevante, lo que ocurra aquí no definirá por sí solo el futuro del proyecto nacional, pero sí puede anticipar hasta dónde está dispuesta la dirección de Morena —y la propia Presidenta— a tensionar la incongruencia entre el discurso de ruptura y la práctica de reproducción de élites.