Una decena de estados han demandado a la Administración de Trump 

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  • Nueva York, Arizona, Colorado, Connecticut, Delaware, Illinois, Maine, Minnesota, Nevada, Nuevo México, Oregón y Vermont
  • También una docena de empresas automotrices han advertido que las medidas arancelarias podrían llevarlas a la bancarrota

El clima de tensión crece entre las automotrices estadounidenses que ya presionan a Donald Trump por temor a la bancarrota, pues han alertado que la imposición del 25 por ciento de aranceles a los vehículos y componentes de autos importados podría traer pérdidas millonarias y cobrar más de 400 mil empleos.

En tanto, 12 estados de la Unión Americana presentaron una demanda contra la Administración del Presidente Trump por socavar la autoridad constitucional del Congreso para regular el comercio exterior.

Entre los firmantes de esa misiva se encuentran nombres de peso como Toyota, General Motors, Hyundai y Volkswagen, todos ellos afectados de manera directa por las medidas impuestas.

La carta alerta sobre despidos masivos, caída en la inversión extranjera y deslocalización de operaciones como posibles consecuencias si no hay un giro en el enfoque actual.

El Presidente Trump, sin embargo, no parece dispuesto a dar marcha atrás. En su discurso reciente ante la Cámara de Comercio en Ohio, calificó la implementación de los aranceles como “el Día de la Liberación” para la industria estadounidense. Una declaración que contrastó de inmediato con las respuestas de ejecutivos de primer nivel.

Elon Musk, CEO de Tesla y otrora consejero informal del Presidente, rompió el silencio y se mostró crítico con la política proteccionista: “Siempre le aconsejé a Trump una política de libre comercio. Esto perjudica a todos, incluso a nosotros”.

A nivel macroeconómico, las asociaciones industriales calculan que los aranceles podrían encarecer los vehículos importados en hasta seis mil dólares por unidad, afectando directamente al consumidor final y reduciendo la competitividad del mercado estadounidense frente a regiones como Europa y Asia.

En el plano laboral, las estimaciones son igualmente alarmantes. Un informe elaborado por la Alianza para la Innovación Automotriz sostiene que podrían perderse hasta 400 mil empleos si los aranceles se mantienen sin ajustes en los próximos dos años.

Las plantas más afectadas serían las del sur del país, donde marcas como Nissan, Honda y BMW tienen centros de ensamblaje que dependen en gran medida de piezas extranjeras.

El argumento de la Casa Blanca es claro: se busca incentivar la producción local y reducir la dependencia del extranjero. Pero hasta los propios fabricantes admiten que una relocalización de esa magnitud tomaría años y requeriría inversiones de miles de millones de dólares, algo inviable en el contexto actual.

“Todavía no nos recuperamos del impacto de la pandemia de 2020. Es una herida abierta”, afirmó un portavoz de Hyundai Motor America, quien además añadió que “empujar a las compañías a una reconversión forzada puede ser el golpe de gracia para muchas de ellas”.

Las tensiones también han alcanzado la esfera internacional. China, uno de los principales afectados por las nuevas tarifas, ha respondido con aranceles espejo del 125 por ciento a productos automotrices estadounidenses. El Presidente Xi Jinping fue tajante: “No vamos a someternos a las maniobras de presión de Estados Unidos. Llevamos siete décadas siendo autosuficientes”.

Esta postura firme del gobierno chino podría provocar un reordenamiento global de las cadenas de suministro.

Algunas marcas ya analizan relocalizar su producción hacia mercados con menor riesgo arancelario, como México o Turquía, lo cual significaría una pérdida directa para la economía estadounidense.

Europa, por su parte, también ha recibido advertencias desde Washington. La Administración Trump considera que los subsidios europeos a la movilidad eléctrica representan una competencia desleal y está evaluando nuevas tarifas a vehículos provenientes de Alemania, Francia y España. Las conversaciones con Bruselas, sin embargo, han sido poco fructíferas.

Mientras tanto, en el otro frente, China y la Unión Europea han avanzado en un posible acuerdo que pondría un precio mínimo a los coches eléctricos chinos vendidos en el continente europeo, lo que evitaría aplicar aranceles que ya alcanzan el 45.3 por ciento.

Los analistas coinciden en que la escalada arancelaria puede tener efectos de largo plazo en la estructura misma del comercio global. “Estamos ante una reconfiguración del tablero”, sostiene Rachel King, economista jefe de Bloomberg Economics. “Si Estados Unidos se mantiene en esta línea, los fabricantes buscarán nuevos centros de producción, y eso no será fácil de revertir después”.

En definitiva, el objetivo de “America First” en lo económico parece haberse convertido en una espada de doble filo. El impulso a la producción nacional, tan defendido por Trump, podría llevar a una desaceleración generalizada si los costos se disparan y las inversiones se repliegan.

“Nos enfrentamos a una situación crítica”, declaró Jim Farley, CEO de Ford, en una reciente entrevista y agregó: “No se trata sólo de números, sino de empleos, innovación y supervivencia de empresas centenarias. Necesitamos que el Presidente escuche”.

Ahora, la industria espera y lo hace con preocupación. Porque lo que está en juego no es solo una balanza comercial: es el futuro de un ecosistema industrial que da empleo directo e indirecto a más de 10 millones de personas sólo en Estados Unidos.

Lo estados que presentaron la demanda, fue hecha los fiscales generales de Nueva York, Arizona, Colorado, Connecticut, Delaware, Illinois, Maine, Minnesota, Nevada, Nuevo México, Oregón y Vermont.

Con información, de Sin embargo