Fue una mala noche, la del martes, para el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El Consejo General del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) de plano le negó el registro de sus candidaturas presentadas en la lista de representación proporcional. Y le tiró cuatro candidaturas para la elección de mayoría relativa.
Más allá de la inesperada postulación de Enrique Padilla Sánchez, quien ha abandonado al tricolor en cuando menos tres ocasiones, y de que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI decidió complacer en todo a la ex gobernadora Beatriz Paredes Rangel colocando a gente cercana a ella en los cinco primeros lugares de esa lista, la dirigencia estatal tiene también una gran responsabilidad porque, todo hace indicar, no hubo un sobreaviso en el hecho de que no debía ser hombre, sino mujer, quien debía encabezar las candidaturas plurinominales.
Ahí está el resultado de esa complacencia a la mujer que si bien llegó hasta la final, junto con Xóchitl Gálvez, en la definición de la candidatura presidencial en lo que ahora se conoce como la coalición “Fuerza y Corazón por México”, no ha mostrado tanta lealtad al tricolor. No, por lo menos, en Tlaxcala.
En esas deslealtades, Padilla Sánchez, su sobrino, la ha acompañado en las buenas y en las malas. Por eso su candidatura como primero de la lista pluri, no cayó bien en la estructura priista, la de a pie, porque se le conoce como desleal, traidor a la causa tricolor.
Que ahora, de buenas a primeras, haya sido impuesto como candidato con pase directo al Congreso del Estado, después de haber sido funcionario de un gobierno que ha maltratado y cooptado al PRI, tanto en las diputaciones y en los municipios, deja a la militancia verdaderamente lastimada.
Pero eso es en lo político. En la cuestión técnica es imperdonable el error de no encabezar con mujer la lista que se presentó ante el ITE.
Y no haber cumplido con ninguna de las acciones afirmativas aprobadas por el ITE, en el caso de las candidaturas a las diputaciones de mayoría, habla también de un error monumental.
Ambas dirigencias, la nacional y la estatal, son responsables por igual del resultado del martes por la noche. ¿Cómo solucionar el problema?, a los priistas no les queda otra que acudir a los órganos jurisdiccionales, a los nacionales si es preciso, para buscar el registro de sus fórmulas.
Por lo pronto, es un hecho que cuatro fórmulas deberán ser sustituidas y son aquellas que encabezaban Héctor Martínez Zamora en el distrito 07; Noé Parada Matamoros en el distrito 11; Sandra Cortés Águila en el distrito 13 y Damaris Cortés Ramírez en el distrito 14. El PRI deberá cumplir con las acciones afirmativas en sus nuevas postulaciones.
Ahora bien, hay que decir que resulta extraño que al tricolor no se le haya emplazado con 48 horas, lo mismo que al resto de los partidos, para subsanar deficiencias en su lista de candidaturas plurinominales.
O que el mismo Consejo General del ITE no haya modificado el orden de las candidaturas para cumplir con la obligación de que la lista debía estar encabezada por una fórmula de mujeres.
Se desconoce el criterio del órgano electoral administrativo para no haberlo hecho, para después requerle al tricolor el cumplimiento de la acción afirmativa de postular una persona migrante.
Ya se verá el recurso de impugnación que el PRI presente ante el Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET) y, en su caso, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Lo cierto es que el PRI está pagando sus propios errores, uno de ellos, haber nombrado nueva dirigencia prácticamente de última, a punto de concluir los plazos de designación de candidaturas.
Tuvieron dos meses para hacerlo, considerando que la salida de Anabell Ávalos Zempoalteca se dio a principios de enero.
El propio secretario general del CDE del PRI, Teodardo Muñoz Torres, lo advirtió en febrero pasado: el partido tiene detenida su operación política por falta de dirigencia. Ahí están los resultados.



