Para José Antonio Álvarez Lima lo sucedido ayer en el World Trade Center (WTC) no pudo significar poco; él y Ana Lilia Rivera Rivera se enfrentaban a la maquinaria del dinero, la presión y la coacción.
Pocos lo dicen en voz alta, pero casi todos reconocen que el exgobernador es el principal cerebro y operador de lo que ayer celebraron varios de los allegados a la oriunda de Calpulalpan. Solo ella y él saben lo que hubo previo a ese anuncio.
En lo público y en lo privado Rivera Rivera se refiere al exembajador y exgobernador de Tlaxcala como su “maestro”. Él, como es, se niega a recibir esa deferencia y se limita a reconocer siempre que Rivera Rivera es una mujer de trabajo, que conoce las necesidades y es sensible a los problemas del estado.
Esa dupla, la de un ex gobernador que no aparecía en fotos con otros de sus pares y la de una senadora que recibió maltrato de muchos secretarios, munícipes y autoridades, es la que ayer dejó sin internet a buena parte de la burocracia tlaxcalteca. Se les acabó el saldo en los teléfonos celulares.
“El partido hizo una oferta a los que querían participar para que el ganador o la ganadora fuera quien ganara las encuestas; cada quien hizo su lucha… y en ellas la triunfadora resultó Ana Lilia Rivera. Ella reconoció que las encuestas se habían hecho con transparencia, seriedad y honestidad”, esas fueron las primeras palabras del senador tlaxcalteca al ser entrevistado por Víctor Loranca, David Rodríguez y quien esto escribe.
Luego matizó y reconoció lo hecho por el partido, sobre todo porque en designaciones previas la voluntad de los gobernantes había definido a los coordinadores; así llegó Ana Lilia Rivera, en silencio y sin hacer escándalo para romper las quinielas y dejar en el camino a Alfonso Sánchez García.
“Debemos sentirnos satisfechos porque el partido cumplió su promesa de ajustar su decisión a las encuestas”, dijo Álvarez Lima, cuando la transmisión ya superaba el millar de conectados simultáneos en el ejercicio realizado ayer por Plataforma3.mx; ContraPoder y MRNoticias.Mx
Inmediatamente después habló el diplomático que todos conocemos y lanzó una frase para bajar la presión: “Debemos estar satisfechos también de que la voluntad del pueblo se está llevando a cabo… y ahora se llevarán a cabo negociaciones entre los participantes llamados a la unidad, pero yo tengo la impresión de que va a privar finalmente la madurez”.
Ya entrado en detalles el exgobernador advirtió que las pláticas se darán, pero siempre y cuando sean públicas. Nada de pactos al estilo Alejandro Moreno Cárdenas y Marko Cortés, esos que plasmaron en una servilleta la repartición de oficinas, magistraturas y notarías.
“Lo que necesitamos es mantener la unidad para defender la transformación… a través de negociaciones que sean legítimas, que sean sanas, que el pueblo se entere de ellas”. No hizo falta decir más: la negociación en lo oscuro no habrá.
Tras la ausencia del alcalde con licencia de la capital en el acto desarrollado en el WTC, Alfonso Sánchez García, el senador oriundo de Atlihuetzía fue contundente: “Vi ahí a todos los participantes excepto a uno. Siete estuvieron de acuerdo y uno no. No es un número relevante”. Cuando Víctor Loranca preguntó si ese “uno” no era, precisamente, el segundo con más preferencia, respondió sin filtros: “En toda contienda hay ganadores y perdedores”.
Contrario a su carácter indomable, Rivera Rivera lanzó mensajes de unidad; se dejó querer por el Partido Verde, por Salvador Santos Cedillo, Jaime Piñón y Arturo Escobar. Lo mismo hizo con Raymundo Vázquez Conchas, quien buscó por todos los medios aparecer a su lado.
Alli la senadora con licencia abrió las manos. Y en una de esas entrevistas dijo lo que pocos esperaban escuchar: “Vamos a consolidar la unidad”. La línea discursiva cambió y qué bueno que así sea.
Ese mensaje ahora tendrá que cumplirlo. Primero por el bien de quienes pretende gobernar; después por el propio. Porque si la oposición tiene alguna oportunidad real de arrebatarle Tlaxcala a Morena, podría ser esta: usando el rencor como fertilizante.
Habrá que esperar la reacción de Alfonso Sánchez García, que ayer optó por salir del WTC junto con sus incondicionales. ¿Se quedará en Morena a trabajar, o a simular? ¿Se irá a pelear la candidatura de “Somos” con Fernando León Nava? ¿Logrará convencerse de que junto al Partido del Trabajo puede no ser competitivo contra las siglas que le dieron la presidencia municipal de la capital?
No perdamos de vista que el PAC, el PAN, el PRD, MC y PRI están a la espera de cachar lo que otros dejen en el camino. Si el exsecretario de Infraestructura logra colocarse en alguna de esas alianzas, más que mermar a Morena podría restarle capital a Movimiento Ciudadano (MC), no a Morena. Ellos deberán entender que su negociación y lo que acuerden es una cosa, pero lo que logren traducir en votos, otra muy distinta.
Llegó el momento de ver el verdadero peso de los trabajadores del poder legislativo, de los legisladores, del poder judicial, de los órganos autónomos y de por lo menos 20 municipios que se anticiparon a este momento, violentando cualquier rastro de democracia al felicitar por adelantado a quien decían sería su coordinador… ahora se verá que tanto pesan y cuanta lealtad tienen.
Esta designación, hecha por Citlalli Hernández y Ariadna Montiel, reconfigura todo en la entidad. Quienes se sentían candidatos podrían quedarse en la orilla, porque ahora Rivera podría meter mano en las aspiraciones a presidencias municipales y diputaciones, pero si en la negociación le permiten a Alfonso colocar a los suyos, algunos de esos “incondicionales” podrían llegar sin despeinarse. Nadie sabe para quién trabaja.
Los más tristes, quizá, no sean los más allegados, sino quienes lograron rendir protesta gracias a las licencias; Es probable que Óscar Lobatón y Carlos López Suárez tengan sus horas contadas: con el proceso cerrado, al menos en esta etapa, tendrán que regresar el hueso a sus titulares y volver a la intrascendencia. Al final de nada sirvió el escritorio, ni el territorio, ni el billete.
Ana Lilia Rivera llegó ayer a la coordinación no solo con el respaldo de las encuestas, sino con la demostración de que en Morena Tlaxcala todavía hay quien sabe jugar el partido hasta el final… sin celebrar por anticipado.
José Antonio Álvarez Lima, como siempre, prefirió quedarse en segundo plano y dejar que el resultado hablara por él; ahora la prueba de la estrategia no está en las fotografías de unidad, está en lo que viene: si Rivera logra convertir el reconocimiento formal de los vencidos en disciplina real, o si el rencor de quienes salieron del edificio sin sonreír se convierte en la fisura que cualquier oposición esperaba.
Ana Lilia Rivera Rivera ha recibido el premio a su contribución democrática en el 2018 y es probable que incluso su definición con Claudia Sheinbaum Pardo -en momentos donde Adán Augusto López llegaba a Tlaxcala como un “amo” más- le esté siendo recompensada. Cómo sea que la decisión haya sido tomada y por el motivo que haya sido, Ana Lilia Tiene avanzado un paso más rumbo a la máxima magistratura… apenas un paso más.


