La Cámara de Diputados se convirtió en escenario de una vergüenza nacional cuando un reducido y selecto grupo de legisladores, encabezados por el polémico coordinador de Operación Política Pedro Haces, recibió en privado al rabino David Yosef, recién electo Gran Rabino Sefardí de Israel y uno de los líderes religiosos más cercanos al gobierno ultraderechista de Benjamín Netanyahu.
Entre los diputados que prestaron sus oficinas y su imagen para blanquear la visita destacó, con especial deshonra, el morenista tlaxcalteca Raymundo Vázquez Conchas, quien aparece en las fotografías oficiales de la reunión y cuya presencia resulta particularmente indignante por su historial de discursos “antiimperialistas” y “en defensa del pueblo palestino” cuando le conviene hacer demagogia en su estado.
Vázquez Conchas, que suele llenarse la boca hablando de “solidaridad con los oprimidos”, no tuvo empacho en sentarse sonriente junto a un rabino que ha justificado públicamente las operaciones militares israelíes en Gaza y que pertenece al núcleo duro del sionismo religioso que bendice la ocupación y la limpieza étnica en los territorios palestinos.
La hipocresía alcanza niveles estratosféricos: el mismo diputado que se rasga vestiduras por la “soberanía” cuando se trata de criticar a Estados Unidos, abre de par en par las puertas de la “casa del pueblo” a un representante del régimen que ha asesinado a más de 45 mil palestinos, en su mayoría mujeres y niños, según datos de la propia ONU.
No estuvo solo en la foto. Junto a él posaron otros incondicionales de Haces y Ricardo Monreal: Teresita de Jesús Vargas (Morena), el priista Miguel Alejandro Alonso, el panista Éctor Jaime Ramírez y el verde Carlos Arturo Madrazo. Una alianza transexenal que demuestra que, a la hora de rendir pleitesía a ciertos lobbies, las diferencias ideológicas se disuelven como por arte de magia.
La reacción dentro de la propia bancada de Morena fue inmediata y furiosa. La diputada María Magdalena Rosales intentó ingresar a la reunión y fue bloqueada por el personal de seguridad. El diputado Manuel Vásquez Arellano denunció en redes: “El máximo rabino de Israel, un cómplice de genocidio que se está perpetrando en Gaza y que fue invitado por Pedro Haces y por otros diputados y diputadas de la bancada de Morena”. José Narro y el petista José Luis Sánchez anunciaron que llevarán el caso a la Junta de Coordinación Política.
Pedro Haces, acorralado, salió con la excusa más pobre del manual: “Vino una persona a visitarme y en lo personal lo atendí… San Lázaro es la casa del pueblo”. Curioso concepto de “pueblo” el del señor Haces, que incluye a rabinos que bendicen bombardeos sobre hospitales pero, según múltiples denuncias, nunca tiene tiempo para atender a los obreros y campesinos que lo buscan una cita con su diputado.
Lo más grave no es solo la foto. Es que legisladores mexicanos, algunos incluso con discurso “de izquierda”, prestan el recinto legislativo para normalizar relaciones con un régimen acusado de crímenes de guerra y lesa humanidad por la Corte Penal Internacional. Y lo hacen, además, a espaldas de su propia bancada y del pueblo que dicen representar.
Raymundo Vázquez Conchas, en particular, deberá explicar a los tlaxcaltecas cómo compatibiliza su supuesto “humanismo” con sentarse a la mesa con quien justifica el asesinato masivo de niños palestinos.
Una cosa es la libertad de recibir visitas privadas y otra muy distinta es utilizar el Palacio Legislativo para blanquear a los cómplices de un genocidio en curso.
La historia, y sobre todo el pueblo palestino que resiste bajo las bombas, no olvidarán quienes estuvieron del lado correcto y quienes prefirieron la foto con el verdugo. Los diputados no tienen interés por mantenerse del lado correcto de la historia, para ellos el lado indicado es el que les diga Pedro Haces, entre ellos el conchudo oriundo de “El Peñón”, Tlaxco.

