MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En un desplante de cinismo que apesta a privilegio, los magistrados del Tribunal de Justicia Administrativa (TJA) de Tlaxcala —Elías Cortés Roa, Manuel Vázquez Conchas y Luz María Vázquez Ávila— se han recetado súper salarios que harían sonrojar a cualquier defensor de la austeridad.

En un país donde el salario mínimo mejoró pero tampoco saca de la pobreza a nadie, estos señores han aprobado para sí mismos ingresos que oscilan entre los 118,451 y los 299,994 pesos, según sea mensual, bimestral o trimestral.

¿La fórmula? Un sueldo base modesto, maquillado con “percepciones complementarias”, “compensaciones” y un nebuloso “apoyo a las funciones públicas” que huele más a auto indulgencia que a servicio.

Cortés Roa, el presidente del TJA, se lleva la corona: 215,554 pesos mensuales, que trepan a casi 300 mil por trimestre con “apoyos” de hasta 84,440 pesos. Vázquez Conchas y Vázquez Ávila, la interina, no se quedan cortos: 174,763 pesos bimestrales con el mismo truco de los “apoyos”.

Hasta Olimpia Sevilla y Alejandra Hernández, en el control interno y la administración, se despachan 107,343 pesos bimestrales bajo idéntica excusa. ¿Qué funciones tan heroicas justifican esto? Nadie lo explica.

Mientras Tlaxcala padece sus servicios raquíticos, estos magistrados se sirven un banquete de recursos públicos con la opacidad como aliada. “Apoyo a las funciones públicas” suena a chiste cruel cuando el apoyo real brilla por su ausencia en las calles.

México pregona austeridad, pero en el TJA las reglas se doblan para engordar bolsillos. La ciudadanía no pide migajas: exige claridad y que el dinero vaya a quien lo necesita, no a los intocables de arriba que forman parte de la burbuja dorada.