La última semana en Tlaxcala ha estado marcada por movimientos en el aparato administrativo que, aunque parezcan ajustes rutinarios, adquieren un matiz político significativo en el contexto del proceso sucesorio rumbo a la gubernatura de 2027. ¿quién en sus 5 sentidos tiraría la toalla en un proyecto ganador?
Con el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros en su recta final y Morena posicionado como fuerza dominante, cualquier cambio en el gabinete o en áreas clave invita a leer entre líneas: ¿fortalecimiento o síntomas de fisuras internas?, ¿Se van por voluntad propia o los están invitando a retirarse porque cometieron algún error?
Uno de los relevos confirmados recientemente involucra áreas sensibles como la Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Coeprist) y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, donde se han anunciado sustituciones.
Estos ajustes, presentados como parte de una estrategia para cerrar el sexenio “sin sobresaltos”, buscan limpiar la imagen de la administración y remover posibles lastres que podrían complicar la continuidad del proyecto morenista. Otros sostienen que el regreso de figuras como Steve del Razo es para fortalecer el trabajo político, porque los morelenses nada más no han podido.
Sin embargo, el cambio que más llama la atención —y que genera mayor especulación— es la salida de Ramiro Vivanco Chedraui de la Oficialía Mayor de Gobierno. Vivanco, ex regidor, ex delegado de la SEMARNAT, exdiputado local y uno de los operadores más leales y cercanos a la gobernadora, desde el inicio de su mandato en 2021, ha sido pieza clave en la gestión morenista.
Su rol como principal administrador del gobierno lo convertía en un pilar de confianza para Lorena Cuéllar; el poblano-tlaxcalteca era el encargado de manejar recursos, estructuras -como las de los sindicatos- y operatividad con discreción y lealtad probada.
La partida de alguien de su perfil, justo cuando el tablero sucesorio empieza a definirse con mayor claridad, levanta interrogantes inevitables. Si el proyecto de continuidad se percibe tan sólido —con Alfonso Sánchez García, alcalde de la capital, posicionado como el virtual delfín del oficialismo—, ¿por qué un operador de tanta confianza optaría por salir antes de que se concrete la nominación?
¿Es una decisión personal, un relevo planeado para oxigenar estructuras o, como sugieren voces críticas, un indicio de que la imagen de fortaleza del gobierno actual comienza a mostrar grietas?. En el fondo, estos movimientos parecen responder a una lógica de “limpieza de camino”. ¿Entonces Vivanco dejó de ser de confianza, o simplemente optó por abandonar el Titanic?
Los “extranjeros” que dirigen la Secretaría de Gobiero, y su círculo, buscan blindar el proyecto rumbo a 2027, eliminando cualquier riesgo de corrupción, escándalos o desgaste que pueda ser explotado por opositores internos o externos, -dicen al interior del gabinete-. ¿entonces quién quedaría al frente, hay alguien impoluto? Porque bajo esa lógica no quedaría uno sólo con cabeza.
Alfonso Sánchez García, respaldado abiertamente por Cuéllar en actos públicos y con una narrativa de modernidad en la capital, aparece como el elegido para extender el control morenista por otro sexenio, pero las encuestas serias y los grupos políticos simplemente no entienden cómo es que, a pesar de 4 años de campaña e inversión esto no se refleja en su crecimiento?
Por eso la salida de Vivanco erosiona esa percepción de monolito inquebrantable: pierde a uno de sus principales operadores – administradores, lo que podría interpretarse como una señal de debilidad en la cohesión del equipo más cercano. No olvide usted que Vivanco logró la sobrevivencia política en otros sexenios, justamente por saber leer y entender los escenarios.
Tlaxcala vive ya la precampaña no declarada. Mientras Morena domina las preferencias y debate métodos de selección (encuestas, trabajo territorial), los ajustes administrativos de estos días no son simples cambios burocráticos.
Todo esto es parte del juego político para proyectar solidez, pero también revelan tensiones: la necesidad de renovar cuadros, la presión por resultados y la sombra de que, incluso en el poder consolidado, la lealtad absoluta no siempre resiste el paso del tiempo ni las ambiciones del cierre de ciclo.
El tiempo dirá si estos relevos fortalecen realmente la estrategia o, por el contrario, abren la puerta a lecturas de fragilidad que los rivales —incluso dentro de Morena— no dudarán en capitalizar. Por ahora, Tlaxcala observa: la sucesión de 2027 ya no es un horizonte lejano, sino un tablero donde cada movimiento cuenta y Marzo suena como la primera aduana para todos los interesados.







































































