Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
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Actores políticos vinculados a presuntos grupos delincuenciales, encabezando o respaldando candidaturas como la de Huamantla y Zacatelco; mítines con detonaciones de armas de fuego a plena luz del día tal como sucedió en San Luis Teolocholco y candidatos contratando rostros para hacerse publicidad. A eso está resumido Tlaxcala.

Atrás quedó la época donde la formación política era obligada, más por la alta competencia que por la simple formación que iniciaba con la “responsabilidad” de traer y llevar folders, o la tan ansiada posibilidad de atestiguar los amarres entre la gente que ya tenía varias campañas en la espalda. De eso nada queda.

Todo eso se acabó y ahora el “operador político” es aquel que se somete a los deseos del otro, no el que por capacidad movilizaba, se “robaba” activos humanos de otras fuerzas políticas, “amarraba” y convencía a las masas. Ya no hay formación y ni interés de formarse.

Por eso fue fácil para algunos llegar a gobernar y acabar así con lo que representaban Morena y sus aliados. Ahí está Gustavo Jiménez, Hildeberto Pérez “el cachorro” o Salvador Santos. Los tres son muestra de lo peor y Tlaxcala los padece. Si sus adversarios no acuerdan la posibilidad de sostenerse es muy alta

Sin embargo nadie tendría que sorprenderse, porque todo esto viene solapado por legisladores sin carácter y sin mayor aspiración que llegar a formar parte de los autómatas que levantan el dedo a favor o en contra, según sean dirigidos. Que Marcela González Castillo sea considerada “operadora”, resume la pobreza política y parlamentaria de la casa de los tlaxcaltecas.

Con estos antecedentes uno se explica que la operación del estado y sus municipios esté en manos de “externos” a los que poco o nada les importa lo que ocurra en Tlaxcala. Luis Ramírez Hernández y Marcela González Castillo carecen de identidad. Tener hijos en Tlaxcala no necesariamente implica amor por la tierra.

Por eso uno entiende que autoridades como las municipales de Salvador Santos Cedillo reiteren su intención de mantenerse en el poder, pese a los negros antecedentes que incluyen un trio de incondicionales en el CERESO. Nadie los vigiló, hicieron y deshicieron porque la mirada de la autoridad fue complaciente, hasta que el error de uno, acabó exhibiendo a ambos niveles de gobierno.

 

@martin_rodriguez.com

♬ sonido original – Martín Rodríguez

Quizá por eso y aún con las amenazas directas a su vida, la familia de Jorge “El Ranchero” con todo y miedo acudieron a la capital de Tlaxcala para señalar a Santos Cedillo de encubrir a su hermano a quien la madre del difunto no dudo en señalar como “asesino”.

Pocos lo saben pero el cadáver del Ranchero fue encontrado en una de las bodegas de las que hoy mismo siguen saliendo calentadores y otros regalos para comprar conciencias. Menos son los que saben que la policía municipal negó la existencia del cuerpo, con todo y que ingresaron a buscar. Tuvo que llegar la PGJE para decir: ¡¡aquí está!!.

Los hijos y esposa del difunto fueron cuidadosos, no quieren más problemas, pero aclararon que no van a favor de ningún partido, simplemente dicen: No a la reelección de Salvador Santos Cedillo. Ya tuvo su oportunidad y fracasó o simplemente entregó “la plaza”, otra connotación no hay.

Con lo dicho por la familia se acabó el pretexto de Santos Cedillo que afirmaba desconocer las actividades en las que se desarrollaba su hermano. Si los policías municipales avisaron del cuerpo sin vida en primera instancia, fue a él. Al “Salvador” que acabó como verdugo de Huamantla.

Que las cámaras de vigilancia y las patrullas estén sirviendo para intimidar a la familia y no para vigilar a la población que lucha contra la delincuencia, no es más que la confirmación de la colusión que existe entre algunos policías y la mayoría de los delincuentes. Huamantla está a unas horas de cambiar o acabarse de enterrar.

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